
La política colombiana volvió a dejar una escena que parecía imposible: Roy Barreras cuestionando con dureza a Iván Cepeda, pero anunciando al mismo tiempo que lo apoyaría en una eventual segunda vuelta presidencial. La frase no solo retrata las tensiones internas del progresismo; también deja al descubierto el enorme reto que hoy enfrenta Cepeda: convencer incluso a sus propios aliados.
Barreras fue directo. Dijo que la campaña de Iván Cepeda es “cerrada, sectaria y excluyente”. No es una crítica menor. Viene de alguien que conoce el poder, las alianzas y las fracturas de la izquierda colombiana desde adentro. Y aunque terminó anunciando que votaría por Cepeda para evitar el triunfo de la derecha, el mensaje quedó instalado: el progresismo podría perder no por falta de votos, sino por incapacidad de sumar sectores distintos.
Ese es justamente el principal examen político para Iván Cepeda. Su figura tiene reconocimiento nacional, una base ideológica sólida y un importante respaldo en sectores alternativos. Pero las elecciones presidenciales no se ganan únicamente con los convencidos. Se ganan ampliando la conversación, escuchando a quienes piensan diferente y construyendo puentes más allá del círculo político propio.
Iván Cepeda enfrenta críticas por el manejo de su campaña presidencial en Colombia
La advertencia de Barreras refleja una preocupación que empieza a crecer dentro del mismo bloque progresista: el riesgo de convertirse en un proyecto político encerrado en sí mismo. Cuando un sector político transmite la sensación de exclusión o superioridad moral, termina alejando a votantes moderados que son decisivos en una segunda vuelta.
Iván Cepeda todavía tiene margen para corregir el rumbo. La campaña apenas comienza y la política colombiana cambia con rapidez. Pero ignorar este tipo de señales sería un error estratégico enorme. Porque más allá de los discursos y las diferencias internas, el verdadero reto será demostrar que puede liderar un proyecto amplio y no únicamente representar a un sector ideológico.
La elección presidencial de 2026 no solo medirá fuerzas entre izquierda y derecha. También pondrá a prueba la capacidad de Iván Cepeda para unir, dialogar y convencer a quienes hoy aún dudan de su liderazgo.
Contenido de Opinión: El café que terminó amargando la campaña de Paloma Valencia








