
Por: @UbaldoAnayaFlorez
Al otro lado de la línea celular, una voz de mujer contestó: “Hola, Ubaldo”. Necesito un médico, un urólogo para un programa de televisión, le dije.
“Te tengo al mejor del mundo”, contestó. Enseguida enfatizó: “Mi esposo”.
La mujer que me contestaba era Paola Peluffo, en ese entonces gerente de la Clínica Valledupar. Yo estaba buscando un especialista en urología para el programa Me Ayudo de RTA Noticias. El tema era la masculinidad.
Y el doctor Óscar Angulo encajó muy bien en el espacio en vivo. Buena dinámica, manejo del escenario, conocimiento del tema, espontaneidad, seguridad en sus conceptos y un bagaje impresionante en el manejo médico de los temas asociados a las vías urinarias.
Allí nació una gran amistad. Mi esposa, Mildreth Ramírez, conductora del programa, logró conectar tanto con Óscar y la audiencia que hubo un segundo programa sobre sexualidad masculina.
No solo logramos conocer a un gran médico, cercano como ninguno con sus pacientes. Encontramos a un profesional que no le importaba el tiempo que tardara con sus pacientes en el consultorio. Le interesaba conocer la raíz del problema que lo llevaba allí.
Oscar Angulo, el médico que nunca dejó de servir
Óscar Angulo tenía amor profundo por su profesión. Y lo expresaba en cada atención, independientemente de si le pagaban o tenía que perder el dinero porque el sistema de salud no giraba oportunamente.
“Dr., no nos están pagando las EPS”, le dijo una tarde su secretaria, mientras mi esposa y yo esperábamos por atención. “Agéndele el turno (a la persona que lo solicitaba), que no podemos dejar de atender”, expresó con toda seguridad esa tarde.
Meses después coincidimos en el aeropuerto de Barranquilla. “¡Hola, Ubaldo!”, me saludó. Luego me contó que iba a Bogotá a chequeos médicos.
Posterior a eso, su esposa me contaría que habían encontrado señales negativas en su cuerpo y necesitaba un tratamiento.
Desde ese momento comenzaron nuestras oraciones y las de toda su familia y amigos. Fue un tiempo difícil para todos, pero él confiaba y sabía que Dios tenía el control. ¡Dios siempre tiene el control!
Semanas antes de su diagnóstico en Bogotá, uno de sus sueños estaba por cumplirse: abrir la IPS desde donde seguiría prestando sus servicios. La sede quedó lista para ser inaugurada.
Hoy, cuando Dios lo ha llamado a su Reino, sentimos el dolor de la partida, pero la tranquilidad de que está en las mejores manos. Dios necesitaba un médico en el cielo y allí estarás, Óscar, para siempre.
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