
El doble credo
Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera
Ibagué, Colombia — 21 de mayo de 2026
El lunes 25 de mayo de 2026 el Vaticano protagonizará un acontecimiento sin precedente en la historia contemporánea de la Iglesia católica. El Papa León XIV presentará en transmisión global su primera encíclica, Magnifica Humanitas, un documento concebido para intervenir en el debate mundial sobre inteligencia artificial y dignidad humana en un momento donde las grandes plataformas tecnológicas poseen niveles de infraestructura, capacidad computacional e influencia política comparables —e incluso superiores— a muchos Estados nacionales. La imagen central de esa jornada tendrá una fuerza simbolica posible.
La imagen central de esa jornada tendrá una fuerza simbólica imposible de ignorar, porque junto al Pontífice estará Christopher Olah, cofundador de Anthropic y uno de los investigadores más influyentes en interpretabilidad de modelos de inteligencia artificial avanzada, una presencia que sintetiza la alianza entre la institución moral más antigua de Occidente y una de las compañías que encabezan el desarrollo de sistemas de IA de frontera.
Esa escena condensa el fenómeno que podría llamarse el doble credo, aunque la lógica histórica que describe no opera desde dos posiciones sino desde tres discursos distintos que comparten un mismo silencio estructural. El primero es el aceleracionismo de la tecnolarquía global. El segundo es el humanismo corporativo de Anthropic. El tercero es el relato moral del Vaticano. Los tres producen retóricas de urgencia, responsabilidad o dignidad. Y los tres omiten lo mismo: que el sistema que ninguno nombra —el tecno-feudalismo— avanza precisamente porque sus contradicciones permanecen invisibles bajo la cobertura de esos discursos.
El discurso de la urgencia existencial
Peter Thiel y Sam Altman encarnan las dos variantes más articuladas del aceleracionismo tecnológico contemporáneo. Thiel construyó su posición desde la filosofía del «optimismo definido» —la convicción desarrollada en De cero a uno de que el futuro pertenece a quienes lo diseñan con determinación, no a quienes lo esperan— y la tradujo en inversiones masivas en Palantir, en tecnologías de vigilancia estatal y en una red de influencia que atraviesa los centros de poder político y financiero de Washington y Silicon Valley.
Altman, por su parte, ha sostenido públicamente en múltiples ocasiones que la carrera hacia la inteligencia artificial general no puede detenerse, que si OpenAI no la desarrolla lo hará alguien menos comprometido con la seguridad, y que el resultado de esa carrera determinará el destino de la civilización humana. En su ensayo The Intelligence Age, publicado en septiembre de 2024, describió un futuro donde cada persona tendrá acceso a un asistente brillante capaz de resolver problemas que hoy parecen imposibles, un horizonte presentado no como promesa empresarial sino como imperativo histórico.
Ese relato cumple una función política precisa. Al colocar la discusión en el plano de la urgencia existencial —ganar la carrera antes que los actores malintencionados, controlar la superinteligencia antes de que sea demasiado tarde— el aceleracionismo desplaza la atención desde las consecuencias presentes hacia la amenaza futura. Las relaciones concretas de explotación laboral, el desequilibrio ambiental causado por el consumo energético de los centros de datos, el desempleo masivo generado por la automatización acelerada y la vulneración sistemática de derechos digitales quedan suspendidos como daños colaterales aceptables en nombre de un bien mayor que siempre está un paso más adelante. El sacrificio del presente se justifica por un futuro que las mismas empresas definen, diseñan y controlan.
El discurso de la responsabilidad ética
Anthropic nació como reacción crítica frente a la cultura de Silicon Valley resumida en el lema move fast and break things. Su Constitución de IA —el documento que establece los principios de entrenamiento de sus modelos— define cuatro ejes de comportamiento, donde el primero y más importante es la seguridad amplia, entendida como el apoyo activo a los mecanismos humanos de supervisión durante la fase actual del desarrollo. La misión institucional declarada habla del desarrollo responsable de IA avanzada para el beneficio a largo plazo de la humanidad. Su Política de Escalado Responsable establece umbrales de capacidad —denominados ASL-2 y ASL-3— a partir de los cuales se activarían restricciones adicionales al despliegue de sus sistemas. El lenguaje es el de la prudencia, la gradualidad y la ética.
La contradicción no reside en la falsedad de esos compromisos sino en su alcance real. La misma empresa que articula ese marco doctrinal recibe financiamiento masivo de Google y Amazon, compite activamente por el liderazgo computacional global, desarrolla modelos de razonamiento agéntico con grados crecientes de autonomía operativa y amplía de manera permanente su base de usuarios comerciales. La Constitución de IA regula el comportamiento de Claude, no la estrategia geopolítica de la corporación. Ese desplazamiento —de la ética del modelo a la ética de la empresa— es exactamente donde el discurso moralizante cumple su función de escudo, porque permite narrar el proceso de concentración tecnológica como un ejercicio de responsabilidad mientras esa concentración avanza sin que ningún marco regulatorio pueda seguirle el ritmo. La presencia de Olah junto al Papa no es una anomalía sino la culminación lógica de esa estrategia de legitimación moral.
El discurso de la dignidad humana
Laudato Si (2015) introdujo el concepto del «paradigma tecnocrático» para describir una racionalidad que reduce el mundo entero a objeto de dominio, desconectada de cualquier consideración ética, espiritual o ecológica. Laudate Deum (2023) profundizó esa crítica articulándola con la crisis climática y la concentración de poder en actores privados globales. Antiqua et Nova, el documento más reciente del Dicasterio para la Doctrina de la Fe específicamente dedicado a la inteligencia artificial, insiste en que la inteligencia humana posee una dimensión encarnada, moral y relacional que ningún sistema algorítmico puede replicar, porque la razón humana no es solo procesamiento de información sino apertura al misterio, a la verdad y al bien. En 2020, el Vaticano firmó junto a Microsoft, IBM y la FAO la Llamada de Roma por la Ética de la Inteligencia Artificial, un documento que establece principios de transparencia, responsabilidad e inclusión para el desarrollo tecnológico.
Esa última firma condensa el límite del discurso eclesial. La Iglesia elabora una antropología humanista de alta densidad doctrinal, advierte sobre los riesgos de la técnica convertida en fin en sí misma y centra al hombre como principio y fin de la reflexión social. Pero firma sus compromisos éticos junto a las mismas corporaciones cuyas prácticas materiales contradicen sistemáticamente esos principios. La doctrina no nombra la cadena de extracción que sostiene cada algoritmo, no analiza las relaciones de poder que organizan la economía digital ni cuestiona que el beneficio declarado para la humanidad se concentre en un número cada vez más reducido de actores privados. La dignidad humana aparece en los documentos. La estructura que la vulnera no.
El silencio que los tres comparten
Ninguno de los tres discursos nombra el tecno-feudalismo. Ese concepto describe el régimen político-económico emergente donde las grandes plataformas funcionan como nuevos señoríos digitales en los que los usuarios producen valor cognitivo —datos, interacciones, contenidos, patrones de comportamiento— que las corporaciones capturan, procesan y monetizan sin que esa transferencia sea reconocida como relación de explotación. Marx describió en los Grundrisse el intelecto general como la acumulación colectiva del conocimiento humano que en cierto punto de la historia se convierte en la principal fuerza productiva. Las plataformas digitales han consumado ese proceso, pero no para beneficio colectivo sino para concentración privada. El conocimiento que la humanidad produce en conjunto —cada búsqueda, cada conversación, cada decisión registrada en una interfaz digital— alimenta los modelos que pocas empresas controlan, convirtiendo esa producción colectiva en la materia prima de una colonización cognitiva que no requiere ejércitos sino algoritmos y términos y condiciones de uso.
Kate Crawford demostró en Atlas of AI que detrás de esa colonización existe una infraestructura territorial profundamente física, compuesta por minería extractiva, consumo masivo de agua, trabajo precarizado y dependencia energética planetaria. La estética limpia de las interfaces oculta esa materialidad. Los discursos del aceleracionismo, el humanismo corporativo y la doctrina religiosa la vuelven políticamente invisible. Martin Heidegger advirtió antes de que existiera la inteligencia artificial que el mayor riesgo de la técnica moderna no residía en las máquinas sino en la posibilidad de reducir el mundo entero a mera disponibilidad funcional. Esa advertencia adquiere hoy una dimensión inédita porque la automatización ya no amenaza únicamente trabajos físicos sino también los procesos ligados al razonamiento, la decisión y la producción de conocimiento. Claude Mythos Preview, el modelo que Anthropic presentó en abril de 2026, puede coordinar procesos largos, descubrir vulnerabilidades y razonar de manera agéntica con intervención humana decreciente. El ingeniero se desplaza desde ejecutor hacia supervisor estratégico mientras los modelos asumen funciones cognitivas cada vez más sofisticadas. La soberanía tecnológica migra desde los Estados hacia las corporaciones que controlan infraestructura crítica y capacidad computacional en proporciones que los marcos regulatorios existentes no pueden disputar.
La pregunta decisiva no consiste en determinar si la inteligencia artificial continuará avanzando, porque probablemente lo hará. La pregunta real es quién definirá sus límites, bajo qué principios operará y al servicio de qué intereses terminará organizando la vida social del siglo XXI. Mientras los aceleracionistas invocan el destino, Anthropic invoca la responsabilidad y el Vaticano invoca la dignidad, el tecno-feudalismo sigue expandiéndose, la colonización cognitiva sigue profundizándose y el silencio sobre la materialidad del sistema sigue siendo el único suelo que los tres comparten sin discutirlo. Nombrar ese silencio no significa rechazar las posibilidades científicas de la inteligencia artificial. Significa reconocer que el futuro no debería construirse únicamente desde los discursos de quienes más se benefician de él.
Referencias bibliográficas
- Altman, S. (septiembre de 2024). The Intelligence Age. Ensayo publicado en sam.altman.com. Recuperado de https://ia.samaltman.com
- Anthropic. (2023). Claude’s Constitution [Constitución de IA]. Documento institucional público. Recuperado de https://www.anthropic.com/news/claudes-constitution
- Anthropic. (2024). Responsible Scaling Policy [Política de Escalado Responsable]. Versión actualizada. Recuperado de https://www.anthropic.com/responsible-scaling-policy
- Anthropic. (abril de 2026). Claude Mythos Preview. Anuncio oficial de producto. Recuperado de https://www.anthropic.com
- Crawford, K. (2021). Atlas of AI: Power, Politics, and the Planetary Costs of Artificial Intelligence. Yale University Press.
- Dicasterio para la Doctrina de la Fe y Dicasterio para la Cultura y la Educación. (28 de enero de 2025). Antiqua et Nova: Nota sobre la relación entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana. Vaticano. Recuperado de https://www.vatican.va
- Francisco, Papa. (24 de mayo de 2015). Laudato Si: Sobre el cuidado de la casa común. Encíclica pontificia. Vaticano. Recuperado de https://www.vatican.va
- Francisco, Papa. (4 de octubre de 2023). Laudate Deum: A todas las personas de buena voluntad sobre la crisis climática. Exhortación apostólica. Vaticano. Recuperado de https://www.vatican.va
- Heidegger, M. (1954). Die Frage nach der Technik. En Vorträge und Aufsätze (pp. 9-40). Günther Neske Verlag. [Edición en español: La pregunta por la técnica. En Conferencias y artículos. Ediciones del Serbal, 1994].
- León XIV, Papa. (25 de mayo de 2026). Magnifica Humanitas. Encíclica pontificia. Vaticano. [Documento en proceso de publicación a la fecha de este artículo].
- Marx, K. (1857-1858). Grundrisse der Kritik der politischen Ökonomie [Fragmento de las máquinas, Cuaderno VII]. Publicado por primera vez en 1939 por el Instituto Marx-Engels-Lenin, Moscú. [Edición en español: Elementos fundamentales para la crítica de la economía política. Siglo XXI Editores, 1971].
- Thiel, P. y Masters, B. (2014). Zero to One: Notes on Startups, or How to Build the Future. Crown Business. [Edición en español: De cero a uno. Gestión 2000, 2015].
- Vaticano, Microsoft, IBM y FAO. (28 de febrero de 2020). Roma Call for AI Ethics [Llamada de Roma por la Ética de la Inteligencia Artificial]. Documento firmado en el Vaticano. Recuperado de https://www.romecall.org








