
En consultorios, hospitales y situaciones cotidianas, algunas personas pueden desmayarse al ver sangre, especialmente cuando la reacción ocurre de manera repentina ante una herida, una aguja o un procedimiento médico.
Aunque suele interpretarse como una reacción de miedo o impresión, la explicación es fisiológica. En determinados casos, el estímulo activa una respuesta conocida como síncope vasovagal, una reacción del sistema nervioso autónomo que puede provocar una disminución brusca de la frecuencia cardíaca y de la presión arterial.
¿Qué ocurre entonces? Al producirse la caída de la presión, llega menos sangre al cerebro durante unos segundos y aparece el desmayo. Antes de perder el conocimiento, la persona puede experimentar mareo, visión borrosa o en túnel, sudor frío, náuseas, sensación de calor, palidez y debilidad.
La respuesta del sistema nervioso al ver sangre
La respuesta también puede presentarse en personas con fobia específica a la sangre, las inyecciones o las lesiones. En estos casos, la reacción puede tener un patrón particular: inicialmente aumentan la frecuencia cardíaca y la presión arterial, pero después pueden caer de forma abrupta, favoreciendo el desmayo.
No todas las personas que sienten temor ante una herida llegan a perder el conocimiento. Sin embargo, quienes han experimentado episodios previos pueden ser más susceptibles. La deshidratación, el calor, permanecer de pie durante mucho tiempo y una fuerte respuesta emocional también pueden favorecer un episodio vasovagal.
Si alguien siente que está a punto de desmayarse, lo recomendable es sentarse o acostarse y elevar las piernas, siempre que sea posible. Esto ayuda a mantener el flujo sanguíneo hacia el cerebro.
Aunque el síncope vasovagal suele ser benigno, un primer desmayo o episodios recurrentes deben ser valorados por un profesional de salud para descartar otras causas.
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