El paso a paso de la enfermedad y muerte de Oñate
Por Ubaldo Anaya Flórez
El paso a paso de la enfermedad y muerte de Oñate. La crónica que relata el dolor por la enfermedad y muerte de Jorge Oñate González. El dolor comenzó el 18 de enero de 2021. Su cuerpo empezaba a sentirse agotado y era mejor llevarlo al médico. Jorge Oñate González ingresó al Instituto Cardiovascular del Cesar con problemas de salud. Con el paso de las horas, su situación empeoraba y el Covid-19 pasó por su vida al punto de llevarlo a la Unidad de Cuidados intensivos.
Allí permaneció varios días y los médicos dieron su versión oficial de la situación del cantante: su estado era crítico
El cantante de ‘Mujer marchita’ y otras decenas de éxitos vallenatos, luchaba contra la muerte. Y su familia se aferraba a Dios pidiendo cadenas de oraciones para que lo levantara del doloroso trance.
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En esas estaban cuando un medio guajiro dijo que Oñate tenía muerte cerebral. Otro medio de televisión nacional replicó la versión, por lo que fue necesario que los médicos del Instituto Cardiovascular del Cesar salieran a desmentir esa información.
A pesar del esfuerzo de los galenos de una de las mejores instituciones de salud del Cesar, Oñate seguía en estado crítico. En varias ocasiones se dijo que había despertado. Que tenía una ligera mejoría. Y que estaba respondiendo al tratamiento. En ese momento, demostró ser ‘El más fuerte’ como dice uno de sus cantos.
Los días pasaban lentos para Nancy Zuleta, su esposa. También para sus amigos y fanáticos, quienes seguían orando por la salud del maestro nacido en La Paz, Cesar, el 31 de marzo de 1.949. Las cadenas de oraciones eran permanentes. Y los cantos para levantar al Ruiseñor del Cesar, también. ‘Devuélveme mis sentimientos’, pasó por la mente de mucha gente que pedía el regreso de Oñate.
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Al completar 30 días en la clínica y por la gravedad de su salud, la familia creía que era mejor llevar a Oñate a otra ciudad y buscar nuevas opiniones; nuevos profesionales y nueva tecnología médica.
Con la decisión en firme, Silvestre Dangond y Carlos Bloom buscan contactos con amistades en Medellín y encuentran el Hospital Pablo Tobón Uribe. El martes 23 de febrero, tras acordar con la familia y los médicos del Instituto Cardiovascular, Oñate es subido a un avión ambulancia.
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Antes de subir al Jilguero a la ambulancia que lo llevaría a la terminal aérea, su familia había viajado a Medellín en el avión privado de Silvestre Dangond, en un acto catalogado como un gesto humanitario. Dangond, ahijado de Oñate, acompañó a Nancy Zuleta en ese doloroso viaje para la familia Oñate Zuleta.
El avión ambulancia que trasladó al Ruiseñor del Cesar al hospital Pablo Tobón Uribe, arribó a Medellín a las 1:45 de la tarde de ese 23 de febrero.
Al ingresar al centro asistencial, con 50 años de actividad médica en Antioquia, Oñate fue valorado. El diagnóstico no fue distinto al que ya habían dado los médicos de la Clínica del Instituto Cardiovascular del Cesar. Su estado era crítico.
El día siguiente de su llegada, el 24 de febrero, Oñate es intervenido quirúrgicamente. Sin embargo, su salud no mejora. Su hijo Jorge Oñate Dangond, pide oraciones por su padre a través de redes sociales.
A la mañana siguiente, el 25 de febrero se conocen mensajes a través de redes sociales que piden donación de sangre para atender los requerimientos de plaquetas para el artista. Su salud no había evolucionado positivamente. Nancy sus hijos siguen clamando a Dios por la salud del cantante de ‘La aplanadora’
Las horas siguientes fueron duras para Nancy, sus hijos y para las personas cercanas a la familia. Afuera, en cualquier lugar del país, su fanaticada seguía orando, por la salud de Oñate, la voz que entonó cientos de veces, en muchos lugares, ‘Nació mi poesía’.
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Otros hicieron sonar en sus corazones ‘Por volverte a ver’, para pedir que el hombre que dijo un día que los grupos vallenatos debían tener un cantante distinto al acordeonero, se levantara del doloroso sueño.
En cualquier lugar de su tierra, La Paz, distante, miles de kilómetros de Medellín, a un paisano se le ocurrió escuchar ‘Paisaje de Sol’, para recordar al cantor de su pueblo.
Las horas pasaron y llegó el sábado 27 de febrero. La salud de Jorge se mantenía en estado crítico y seguía en la Unidad de Cuidados Intensivos. Los médicos del hospital Pablo Tobón Uribe vigilaban minuto a minuto los latidos de su corazón, sus pulsaciones, si vida misma.
Muy cerca, Nancy Zuleta no dejaba de pedirle a Dios que le protegiera al hombre de su vida, ese con el que pasó muchos días y muchas noches a su lado, como su ‘Patrona’. Esa misma que lo cuidaba cada minuto y no se despegaba de su vida.
Con Oñate, Nancy tuvo tres hijos: Jorge Luis, Jorge Daniel y Delfina Inés, quienes también estaban con su padre en Medellín. Para ellos, el dolor por ver al Jilguero adormecido en una UCI, era inmenso. Delfina, más que nadie, sabía por lo que estaba pasando su padre. Ella es médica y, por lo tanto, conoce de las evoluciones o retrocesos en los pacientes.
Llegó la media noche del sábado 27 de febrero y comenzó el amanecer del domingo. Cuentan amigos cercanos que, en los primeros minutos del último día de febrero, el corazón de Oñate González dejó de latir. El tiempo se detuvo para su familia. Y el dolor se hizo más intenso. Allí comenzó el regreso de Jorge Oñate a su tierra natal. Un coche fúnebre lo recogió en la madrugada para llevarlo a la funeraria, prepararlo y, después, llevarlo al aeropuerto para su viaje a Valledupar.
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Nancy y sus hijos emprendieron el vuelo de regreso, con el corazón arrugado y las lágrimas extrayendo el dolor de la muerte. Sus oraciones fueron escuchadas y Dios reservó para Jorge Oñate, el mejor lugar. Ese que se ganó cuando reconoció que era hijo de Dios y lo recibió en su corazón.
A las 3:26 de la tarde del domingo 28 de febrero, el avión con el féretro que contenía el cuero de Oñate llegó al aeropuerto Alfonso López de Valledupar.
De allí, partió la caravana fúnebre que lo llevó a la Biblioteca Departamental Rafael Carrillo Lúquez, en donde recibió los honores como el gran héroe de la música vallenata. Esa que cantó y llevó lejos de las fronteras de su tierra natal.
Mientras ello ocurría, en su tierra, La Paz, preparaban la tarima que lleva su nombre en la plaza Olaya Herrera, en el corazón del municipio. Su cuerpo pasó la noche en cámara ardiente en la Biblioteca Departamental.
A la mañana siguiente, el lunes a las 9:00, otro coche fúnebre lo condujo al municipio de La Paz.
En su tierra, Oñate fue recibido como un gran campeón. Un campeón de la música vallenata, esa que llevó por el mundo llena de versos y amores.
Una multitud de simpatizantes llegó a rendirle un gran homenaje. Pero primero lo hicieron sus paisanos cantando, aplaudiendo y blandiendo banderas.
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Antes de subir a la tarima, la banda marcial de La Paz lo recibió con un camino de honor. Sus familiares sacaron las pocas lágrimas que aún quedaban para llorar su muerte
Durante toda la mañana del lunes desfilaron por la tarima las autoridades y personalidades de La Paz, para exaltar la memoria de El Jilguero. De El Ruiseñor.
En la tarde, tras una larga oración, sus colegas cantantes entonaron las canciones que lo identificaron, esas que él llevó por el mundo en su vibrante voz.
Al bajar de la tarima, el féretro llegó al frente de su vivienda, en donde fue recibido por la misma multitud que lo acompañó desde el principio.
Luego partió rumbo a su morada final. Hacia el cementerio, el camino se estrechaba y a su paso sonaban sus canciones.
Su familia decidió que la ceremonia final sería privada y no se permitió el ingreso de personas desconocidas al campo santo.
Allí, al lado de su madre, Delfina María y su hermano, Jesualdo, Jorge Oñate se quedó para siempre. Allí comenzó a volar.

