
Mello Castro, exalcalde de Valledupar, inició su campaña rumbo a la Cámara de Representantes con el lema “A la Cámara va”, un movimiento que lo pone nuevamente en el radar político del Cesar. Sin embargo, su regreso no está exento de polémica: más que por resultados de gestión, su nombre sigue asociado a controversias que marcaron su paso por la administración municipal.
Uno de los episodios que más recuerdan los vallenatos es la concesión del tránsito, un modelo de sociedad mixta que abrió la puerta a comparendos, cámaras de fotodetección y el apodo que todavía lo persigue: “Mello Multa”. Para muchos ciudadanos, esa decisión se convirtió en el símbolo de una administración más interesada en recaudar que en solucionar los problemas de movilidad de la ciudad.
A eso se suman críticas por la modificación del Plan de Ordenamiento Territorial, señalada de favorecer intereses privados, y por varias obras públicas entregadas sin funcionalidad real, con sobrecostos o que terminaron en el abandono. Estos hechos dejaron una estela de dudas sobre su capacidad de gestión y compromiso con el interés colectivo.
Hoy, en su salto a la política nacional, Mello Castro se presenta con una narrativa de cercanía y renovación, acompañado de alianzas estratégicas que buscan darle fuerza electoral. No obstante, persiste la pregunta incómoda: ¿es este un proyecto político cimentado en propuestas claras para el Cesar o una campaña sostenida en la recordación mediática y el peso de maquinarias tradicionales?
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El regreso de Mello a la arena electoral pone sobre la mesa un debate crucial: ¿están los cesarenses frente a un líder dispuesto a responder por su pasado y proponer soluciones reales, o ante un candidato que quiere que las urnas le sirvan de semáforo en verde para olvidar sus deudas políticas?



