Por: Sergio López Gómez
William Quiroz, alma y nervio de la famosa barra Shangai (era su presidente), fue un gladiador. Enfrentó con valentía durante muchos años una “terrible enfermedad”, como eufemísticamente llamábamos al cáncer.
Conversé en muchas ocasiones con William sobre su proceso, y me sorprendía la serenidad con la que había aceptado y afrontado su padecimiento, un cáncer llamado mieloma múltiple, relacionado con un trastorno en los glóbulos blancos.
Fue sometido hace algunos años a un procedimiento de trasplante de médula ósea y regresó de Bogotá muy optimista, pero esa enfermedad es devastadora.
Nunca perdió su sentido del humor, como tampoco renunció a su insistencia cuando de vender paquetes de publicidad política se trataba. Hombre perseverante, vea.
Creo que Dios se apiadó de él y decidió llevarlo al eterno descanso.

