
La Superintendencia de Servicios Públicos, Superservicios, intervino a Emdupar como la verdadera solución a los problemas económicos y de prestación de servicios que registra la empresa. ¡Tamaña mentira!
Hasta ahora, la Superservicios ha sido el peor remedio para la moribunda Emdupar. Tal parece que hubiese llegado con la intención de acabarla. Y lo que es peor, el gerente interventor, a quien no se le conoce la voz, ni mucho menos la cara, guarda silencio frente a los reclamos de la comunidad.
Tampoco da la cara a los periodistas. Y, peor aún, su oficina de comunicaciones no tiene comunicación directa porque no hay información oficial cuando se requiere.
Así las cosas, era mejor privatizarla. Con eso, por lo menos, se garantizaría la prestación del servicio en mejores condiciones.

Desde hace varios meses, y tras la intervención del gobierno nacional a través de la Superservicios, Emdupar no da pie con bola. El servicio de acueducto ha desmejorada sustancialmente, por no decir que casi ni existe en algunos sectores de la ciudad. Frente al tema del alcantarillado, la cosa está peor. Algunos pozos de inspección, conocidos popularmente como manjoles, están sin tapas y señalizados con ramas de árboles o llantas. Muchos de ellos, rebosados.
Pero hay algo que si funciona a la perfección: la expedición y entrega de las facturas, las que mensualmente llegan sin ningún retraso. ¡Y sin descuento por el servicio dejado de prestar!
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Desde aquí, quiero retar al gerente interventor de Emdupar, a quien no le conozco ni la cara ni la voz, porque nunca me ha dado una entrevista, que dé la cara, que salga a explicar por qué la Superservicios ha dañado el servicio de agua en la ciudad. Ahora no me venga con el cuento de las altas turbiedades. Esa es la misma excusa de todos los gerentes que han pasado por la Empresa. Pero ellos, por lo menos, daban la cara y hacían falsas promesas de mejorar.
Yo sé, señor gerente, cuyo nombre ni me acuerdo, que a usted no le importa la ciudad y mucho menos Emdupar. Sólo vino a ganarse el millonario sueldo, que supera los 25 millones de pesos mensuales, pero a hacer nada por la empresa. Si no es así, déjeme por mentiroso, salga a la calle, arregle lo que está mal y salve a la empresa. Para eso lo trajeron. O por lo menos, ese fue el cuento que nos echaron.
Emdupar va cada día de mal en peor. O como dicen en la calle: “salimos de Guatemala para Guatepeor”. Y lo más grave, no se ve solución a la vista.
Cuando no es el cuento de la alta turbiedad, es el cuento de la manipulación de las válvulas. Ya ni como el ‘hombre araña’ nos podemos bañar en las viviendas, porque el agua no sube a las regaderas.
Antes nos avisaban cuando se acercaban las famosas turbiedades. Ahora, ni eso hacen.
¿A qué vino, señor gerente? ¡Dígame!
Tocará, ante su silencio y ausencia, salir con los chócoros a hacer bulla en la calle y realizar un gran cacerolazo frente a su gerencia para ver si así nos escucha. Quienes habitamos esta ciudad ya estamos cansado del mal servicio de Emdupar.
Aunque creo que usted, señor gerente, no nos escuchará ni nos dará la cara porque es más fácil gerenciar desde Bogotá.
Esperaré sentado su respuesta, para no cansarme.



