
Una cadena de siete terremotos consecutivos, el más fuerte de magnitud 6,0, sacudió la noche del domingo el este de Afganistán, con epicentro en la provincia de Nangarhar, cerca de la frontera con Pakistán.
Según cifras oficiales, más de 1.000 personas murieron y al menos 2.500 resultaron heridas en los distritos de Nur Gul, Soki, Watpur, Manogi y Chapadare. Las autoridades advierten que el número de víctimas podría aumentar, ya que el área afectada es montañosa, de difícil acceso y con casi nula conectividad.
Los sismos fueron tan fuertes que se sintieron en Kabul, a 200 kilómetros, e incluso en Islamabad, capital de Pakistán, a 400 kilómetros. La baja profundidad del primer epicentro, de solo ocho kilómetros, intensificó el impacto destructivo.
En la provincia de Kunar, los hospitales están colapsados. “Estamos recibiendo un paciente cada cinco minutos”, dijo el director del hospital de Asadabad, cuyo personal no ha dormido desde el primer temblor.
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El portavoz talibán Zabihullah Mujahid confirmó que los equipos de rescate continúan trabajando y que la asistencia médica sigue en marcha, aunque advirtió que las cifras son preliminares. Las imágenes y testimonios revelan una tragedia de enormes proporciones.




