Por Ubaldo Anaya Flórez
Tras 20 meses de estar como agente interventor, Pablo Jaramillo renunció a Emdupar “por razones familiares” y estará en la entidad hasta el 30 de noviembre.
Lo curioso de sus afirmaciones en un boletín de prensa oficial de Emdupar es que asegura que “pudo rescatarla de la quiebra”, lo que podría considerarse como un chiste, puesto que otra cosa es lo que sienten los usuarios de esa empresa de servicios públicos.
Jaramillo dice irse feliz de la ciudad. ¡Claro que se va feliz! Se ganaba más de 25 millones de pesos mensuales.
Afirma el funcionario de la Superservicios, organismo que tiene intervenida a Emdupar, que le deja un flujo de caja de “más de ocho mil millones de pesos”.
Si eso es así, entonces ¿porque la Superservicios no le devuelve la empresa a los vallenatos? ¿Por qué continuará la intervención?
Jaramillo también se ufana de haber dejado a Emdupar “un retrocargador, taladros, herramientas”. ¿Realmente vale la pena mencionar eso en un informe público de despedida?
Se le olvida a Pablo Jaramillo que la Superservicios lo trajo para enderezar a Emdupar, sacarla de la crítica situación que atraviesa y dejarla en manos de los vallenatos o liquidarla.
Hoy se va diciendo que la sacó de la quiebra. La verdad es que eso no se siente en la ciudad.

