Estos ciudadanos decidieron desacatar la prohibición de ingresar al río Guatapurí y muy temprano llegaron a bañarse para disfrutar de sus frías aguas un Sábado Santo.
Lo que hoy ellos disfrutan, desafiando a las autoridades, mañana podrían llorar en un hospital o sus familias en el cementerio.
No se necesita un policía para cada ciudadano, pero si reforzar los controles y sancionar a irresponsables como éstos.
¡El coronavirus no es un juego!


