Otro abril sin Festival Vallenato
Por Ubaldo Anaya Flórez
Otro abril sin Festival Vallenato. En pocas horas, morirá otro abril. Un abril distinto, diferente, sin sabor. Un abril sin el sonar de la guacharaca; sin el retumbar de la caja y sin el sonar del pícaro acordeón.
Abril sin tarimas para los acordeoneros infantiles. Esos que tocan sin la presión de la fama y ante el orgullo de los padres.
Un abril sin la picaresca de la improvisación; sin las nuevas letras de las canciones vallenatas.
Este abril me sabe a nostalgia de acordeoneros tocando en la plaza y la gente disfrutando hasta el palo de mango.
Es un abril sin sabor a whiskey, a cerveza, a chorizos en carretillas y fritos en las esquinas.
Es otro abril, el segundo en línea, sin ponerme los sombreros, las ruanas publicitarias o ventearme con los abanicos que entregan en los concursos.
Como no recordar al Mono Quintero peleando en la tarima, para que todo fluya bien; como olvidar a Rodolfo Molina y su estrés del 30 de abril para que la final salga intacta.
También extraño a Sergio López Gómez y Katia Ospino presentando la transmisión en Telecaribe. A mis colegas apiñados en la sala de prensa quejándose, como todos los años, porque siempre la hacen a un lado y se llena hasta las banderas.
En este abril, Juan Rincón no llevará a los reyes a la parte posterior de la tarima para las entrevistas. No escucharemos a Carlos Vives, a Silvestre Dangond ni a Poncho Zuleta. De Zuleta recuerdo el día que correteó en tarima Silvestre para besarlo en la boca. “Eran cosas del trago”, dijo esa vez.
Este abril tampoco trajo a los conversadores del festival. Esos que cada año nos cuentan las historias de la leyenda. Tampoco vimos a Beto Murgas con sus ‘viejeras’ de acordeón contando la historia del arrugado alemán. Y mucho menos a Marina Quintero, con sus años encima, bien elegante, hablando del vallenato que suena en Medellín.
Como digo, es un abril distinto. Sin sabor a vallenato. Sin la parranda tradicional llena de cachacos importantes, sudando, mientras pasan una presa de gallina con whiskey.
Este año tampoco sonó en Olímpica Stereo, hasta el cansancio, ‘Ausencia Sentimental’. Y Rafael Manjarrez tampoco vino a Valledupar para cantar el himno del Festival.
Como digo, es un abril sin las estadísticas del Festival que sagradamente prepara el periodista Agustín Bustamante. Un abril sin chalecos, sin escarapelas, esas que los periodistas lucen orgullosos por las calles de la ciudad sacando pecho que están acreditados en el Festival.
Cómo olvidar las largas filas para entrar al Parque de la Leyenda Vallenata. Y mucho menos, los 10 mil pesos de un ‘detodito’ o los seis mil pesos de una botella de agua. Una cerveza Águila bien fría, siempre costaba menos.
En fin, me voy con mi nostalgia, pero les dejo el recuerdo de un abril sin sabor a Festival Vallenato. Gracias abril, por tus hermosos recuerdos. Otro abril sin Festival Vallenato

