
El corregimiento de Mariangola, jurisdicción de Valledupar, vuelve a ser el ejemplo más crudo de cómo las comunidades rurales deben acostumbrarse a sobrevivir entre promesas, papeles, licitaciones y trámites que nunca llegan a convertirse en soluciones reales. Mientras los discursos oficiales hablan de inversiones millonarias y modernización, las calles del pueblo y los potreros siguen siendo canales abiertos de aguas servidas, con niños, familias y ganado conviviendo a diario con el hedor y la contaminación.
RTA Noticias estuvo allí, caminando entre los charcos de alcantarilla rebosada, donde el olor es tan permanente como la frustración de sus habitantes. La escena es la misma desde hace más de diez años: aguas negras corriendo a cielo abierto, afectando cultivos, contaminando el suelo, enfermando animales y deteriorando la calidad de vida de una población que ya perdió la paciencia.
La promesa del alcalde
El alcalde de Valledupar, Ernesto Orozco, no desconoce la gravedad del problema. De hecho, anunció un proyecto por valor cercano a los diez mil millones de pesos para modernizar y mejorar el sistema de alcantarillado del corregimiento. Sin embargo, la gran pregunta que se hacen los habitantes es la misma que RTA Noticias escuchó una y otra vez durante el recorrido: ¿de qué sirve un proyecto millonario si las personas siguen viviendo entre aguas negras en este mismo instante?
El anuncio suena esperanzador en el papel, pero por ahora es apenas eso: una iniciativa en trámite, esperando su paso por la burocracia, la licitación y todos los rituales administrativos que suelen durar meses o años. Mientras tanto, Mariangola continúa respirando el olor de un sistema colapsado.

Una realidad que se vive en los potreros y las casas
Nuestro equipo grabó ganado tomando agua contaminada en potreros inundados con desechos del alcantarillado, un retrato que ningún documento oficial podrá maquillar. Los campesinos aseguran que las afectaciones ya no son solo ambientales o de salud pública, sino productivas. Los animales enferman, los cultivos se pierden y los costos se elevan.
“Necesitamos una solución ya, no dentro de tres años cuando termine la licitación”, fue el mensaje que una lideresa comunitaria entregó mirando directo a la cámara. Su molestia es compartida por la mayoría: ya no quieren escuchar más anuncios, quieren ver maquinaria, intervención y avances reales.
Diez años esperando
El problema no es nuevo. Según habitantes y líderes, llevan una década tocando las puertas de las administraciones municipales sin que ninguna les haya entregado una solución definitiva. Cada cambio de gobierno viene con nuevas promesas y nuevos estudios, pero las aguas negras nunca dejan de correr.
Hoy la comunidad mantiene la esperanza, pero con reservas. Saben que el proyecto existe, saben que el alcalde lo anunció, pero también saben que en Mariangola la vida no se transforma con boletines de prensa, sino con obras concretas.
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Una verdad difícil de ocultar
Los funcionarios pueden decir que el proyecto está caminando, pero la realidad se ve, se huele y se padece. Las cámaras de RTA Noticias lo registraron: calles convertidas en canales de desagüe, potreros inundados, familias encerradas durante horas por el hedor y un corregimiento que siente que está pagando el precio de ser un territorio periférico, lejano y sin prioridad.
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Mientras los sellos, firmas y licitaciones se mueven lentamente en los escritorios oficiales, Mariangola sigue tragándose los efectos de un sistema que simplemente se rindió. Y aunque la administración municipal asegura que resolverá el problema, lo cierto es que, hoy, la única realidad es que las aguas servidas siguen corriendo. Y la paciencia también.








