
Otra vez el mismo libreto. Otra vez los mismos apellidos. Otra vez el Cesar frente a una supuesta elección que, en realidad, huele más a repetición que a democracia. Las listas a la Cámara ya están inscritas y la sensación es clara: aquí no pasó nada.
Los conservadores siguen atrapados en el círculo cerrado del poder. Ape Cuello no suelta el control, Kaleb no representa novedad alguna y Libardo vuelve como ese candidato que reaparece cada cuatro años, aunque la gente ya no lo pida. En el liberalismo, el reciclaje es evidente: Mello, Israel Obregón y Darling son viejos conocidos de una política que no se renueva ni en el discurso.
El Pacto Histórico tampoco se salva del déjà vu. Alexandra vuelve a aparecer como si el tiempo no hubiera pasado y como si las bases no merecieran nuevas voces. En el Frente Amplio, el panorama es aún más evidente: Arturo, Luisfer, Omar Benjumea y Lina de Armas se reencauchan sin pudor, apostándole al desgaste corto de la memoria ciudadana.
Ahora Colombia insiste con Rafael Escalona y Luzvy Calderón, nombres que ya han estado en la contienda y que vuelven a intentarlo sin ofrecer una ruptura real. El Partido de la U vende a Gumer como renovación, pero lo rodea de figuras curtidas en la vieja política: el exalcalde de los tintos y Raúl Machado, expertos en sobrevivir al poder.
Centro Democrático y Frente Unitario del Cesar presentan nombres nuevos, sí, pero tan desconocidos que parecen más una lista de cédulas perdidas que una propuesta política sólida.
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En conclusión, el mensaje es incómodo pero necesario: el problema no es la falta de elecciones, es la falta de opciones reales. En el Cesar, la política sigue girando sobre los mismos ejes, mientras la ciudadanía sigue esperando algo más que promesas recicladas.





