Desde muy pequeño, Juan Sebastián Imbreth Camacho supo que el fútbol sería su destino. Este joven nacido en Valledupar, hoy con 17 años, recuerda cómo su amor por el balón comenzó a los 4 años viendo partidos junto a su padre. «Quería ser como esos grandes jugadores de la selección que veía en televisión», dice. Su recorrido empezó en las escuelas de su barrio y luego lo llevó a Barranquilla y Medellín, donde su talento llamó la atención desde temprano. Allí, entrenadores que creyeron en él le inculcaron disciplina y conceptos técnicos fundamentales.
El camino no ha sido fácil. Dejar su ciudad natal a los 15 años y vivir lejos de su familia lo obligó a madurar rápido. “Aprendí a ser fuerte mentalmente. Muchas veces quieres renunciar, pero esas experiencias me prepararon para estar donde estoy hoy, en Argentina», cuenta. Ahora, como parte de Chacarita Juniors, en la quinta división, enfrenta el desafío de adaptarse al exigente fútbol argentino, caracterizado por su intensidad física y pasión desbordante.


En la cancha, Juan Sebastián se desempeña como volante 10, aunque también puede jugar como extremo derecho. Su visión de juego y control del balón lo distinguen, pero más allá de sus habilidades técnicas, lo que más inspira es su sueño: representar a Colombia en la selección nacional y jugar en los clubes más grandes del mundo. «Estoy en un país que vive el fútbol de una manera única, y esto me acerca a mi meta», asegura.
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Con orgullo vallenato, Imbreth lleva consigo la alegría de su cultura a donde va. “Siempre trato de transmitir esa energía a mis compañeros, incluso les pongo vallenatos en los camerinos”, confiesa entre risas. A los jóvenes de Valledupar que sueñan con ser profesionales les deja un mensaje claro: «Luchen por sus sueños. Todo es posible si te esfuerzas, crees en ti y pones a Dios en tus planes».

