
El vallenato colombiano está de luto tras el fallecimiento en Bogotá de Emiro Zuleta Calderón, compositor fundamental de la música de acordeón y autor del emblemático paseo La Paz es mi pueblo. Su muerte, ocurrida a los 85 años, marca el cierre de una etapa clave para la historia lírica del género, especialmente durante el proceso de consolidación vivido en la década de 1970.
Nacido el 18 de septiembre de 1940 en el municipio de La Paz, Cesar, Zuleta Calderón desarrolló una obra profundamente conectada con la identidad territorial, la memoria y las emociones cotidianas. Este compositor encontró en su pueblo natal la principal fuente de inspiración, aun cuando residió durante más de seis décadas en Bogotá, ciudad a la que llegó siendo joven y donde permaneció hasta sus últimos días.

Su obra más reconocida, La Paz es mi pueblo, trascendió el ámbito musical para convertirse en un símbolo cultural del municipio cesarense. En esta canción, el compositor exaltó el paisaje, las calles, las costumbres y la vida cotidiana de su tierra, logrando que el tema fuera asumido por la comunidad como un himno no oficial que aún hoy acompaña celebraciones y actos cívicos.
Aunque mantuvo un perfil discreto y estuvo alejado de los grandes escenarios comerciales, su influencia fue decisiva en el vallenato moderno. El nombre del compositor quedó ligado a un momento fundacional del género cuando, en 1971, cuatro de sus canciones hicieron parte del primer trabajo discográfico del conjunto de los Hermanos López junto a Jorge Oñate, titulado Lo último en vallenato.
Impactante legado del compositor Emiro Zuleta Calderón
Temas como Recuerdos, Diciembre alegre, Vámonos compañera y La Paz alcanzaron amplia difusión y marcaron el inicio de una relación artística duradera con Jorge Oñate, considerado el principal intérprete de su repertorio. Gracias a estas grabaciones, el compositor logró posicionar un estilo narrativo cargado de nostalgia y profundidad emocional que conectó con el público de la época.
Durante los años setenta, otras composiciones ampliaron su reconocimiento dentro del género. Canciones como Corazón vallenato, Razón y olvido, El cambio, Barranquillera, Igual que aquella noche, Remembranzas y Adiós amor fueron grabadas por figuras centrales del vallenato, consolidando al compositor como un autor de alto contenido lírico, reconocido por el uso de la metáfora y la evocación del pasado.
Paralelo a su creación musical, Zuleta Calderón ejerció su profesión de contador público en Barranquilla y posteriormente en Bogotá. Esa dualidad entre la vida laboral y la artística reforzó la imagen del compositor silencioso, ajeno al protagonismo mediático, pero constante en la construcción de una obra sólida y coherente, siempre ligada a sus raíces.
El legado de Emiro Zuleta Calderón fue documentado por investigadores y periodistas que destacaron su aporte estético al vallenato. Su muerte cierra el capítulo de un compositor que, sin buscar reconocimiento masivo, dejó canciones esenciales para entender cómo la música de acordeón transformó la experiencia íntima en memoria colectiva del Caribe colombiano.
En los últimos años, su nombre volvió a cobrar relevancia gracias a trabajos de investigación y análisis académico que revisaron su papel dentro del desarrollo del vallenato lírico. Estas miradas coincidieron en resaltar la profundidad emocional de sus canciones y su capacidad para narrar historias sencillas con una carga poética duradera. Para el vallenato contemporáneo, la obra de Emiro Zuleta Calderón permanece como referencia obligada. Nuevas generaciones de intérpretes continúan revisitando sus canciones, reconociendo en cada verso la huella de un compositor que convirtió la sencillez, el amor y la tierra natal en patrimonio sonoro perdurable.
Habitantes de La Paz, músicos, gestores culturales y seguidores del folclor han expresado mensajes de reconocimiento, recordándolo como alguien que dignificó la vida cotidiana y el sentimiento provinciano. Su partida no solo deja silencio, sino también un repertorio que seguirá siendo interpretado como testimonio vivo de una época donde el vallenato cantaba desde el alma del territorio.
También te puede interesar: Iván Villazón recibe homenaje en Ocaña







