
Si algo tiene claro César Gaviria Trujillo, jefe natural del Partido Liberal Colombiano, es que su lista a la Cámara de Representantes por el departamento del Cesar no está completa. En el lenguaje popular que tanto gusta en los corrillos políticos de la región, más de uno en la plaza principal de San Diego ya lo dice sin rodeos: “A esa lista liberal le falta un Don Gustico”.
Y no es para menos. La lista del liberalismo cesarense, lejos de proyectar fortaleza o equilibrio, luce más como una mesa con una pata rota. Hay nombres reconocidos, sí, pero también otros que generan confusión y poca expectativa en las bases del partido. Algunos incluso comentan que los enlistaron solo para “llenar el formulario” y no por peso político real.
En el papel, la nómina liberal está encabezada por dos figuras visibles: el actual representante a la Cámara Carlos Felipe Quintero Ovalle y el exalcalde de Valledupar Mello Castro González, quien llega con el respaldo abierto de la Casa Gnecco. Junto a ellos figuran Henry Leonardo Alzate Pérez, expresidente del Concejo de La Jagua de Ibirico, y Adriana Milena Avendaño Quintero, excandidata a la Alcaldía de Pelaya.
Sin embargo, en la práctica, esa lista “de cuatro patas” apenas se sostiene sobre dos. Los dos últimos nombres no han logrado despertar entusiasmo ni representación regional, y eso deja al Partido Liberal sin el impulso electoral que necesita para competir frente a los conservadores, el Pacto Histórico y el naciente Frente Amplio.
Pero lo más preocupante para los rojos no está ahí. La verdadera inestabilidad de la lista liberal radica en que Carlos Felipe Quintero Ovalle podría bajarse del bus en cualquier momento. Todo depende de si su hermano, Luis Fernando Quintero, logra conseguir espacio en el Frente Amplio, movimiento que lidera Roy Barreras y que busca sumar figuras políticas de distintos orígenes.

Luisfer, como se le conoce en el ámbito político, ha estado moviendo sus fichas para conseguir ese aval, y según versiones desde Bogotá, estaría a la espera de que las fuerzas que integran el Pacto Histórico se pongan de acuerdo y aprueben su ingreso. De concretarse, su hermano Carlos Felipe abandonaría la lista liberal y se uniría al proyecto de su familiar, dejando a Mello Castro González “viendo un chispero”.
El panorama se complica aún más si se tiene en cuenta la relación deteriorada entre Carlos Felipe y el expresidente César Gaviria. En una convención pasada del liberalismo, Quintero Ovalle no respaldó una votación clave solicitada por Gaviria, y desde entonces, el líder liberal le habría cerrado las puertas dentro de la colectividad.
A eso se suma que el Clan Gnecco, que en las elecciones anteriores fue su principal apoyo político, hoy le da la espalda y se alinea con Mello Castro González. Este movimiento deja a Quintero sin estructura departamental, debilitado y con un discurso más crítico frente al gobierno que antes defendió.

Fuentes políticas consultadas por RTA Noticias señalan que el liberalismo cesarense atraviesa una crisis de identidad. Mientras algunos dirigentes históricos piden renovación y liderazgo propio, otros siguen dependiendo de acuerdos con los clanes tradicionales para sostener sus candidaturas. El resultado es una lista sin cohesión, sin estrategia y, sobre todo, sin proyecto político claro.
Lo cierto es que, si no hay cambios de fondo, la lista liberal del Cesar podría convertirse en un simple acompañamiento en las elecciones legislativas. Su debilidad interna, las divisiones entre sus figuras y la incertidumbre sobre la permanencia de Carlos Felipe Quintero amenazan con convertir al liberalismo en un actor secundario en un escenario donde antes fue protagonista.
Por ahora, en los pasillos políticos del departamento todos coinciden en algo: la lista liberal está coja, y no hay señales de que alguien llegue pronto a ponerle la cuarta pata que le dé equilibrio.







