
Por Ubaldo Anaya Flórez
“Ernesto, arregla esto”, fue La frase de campaña que manejó el entonces candidato a la alcaldía de Valledupar, Ernesto Orozco Durán.
Durante más de un año, dicha frase se escuchó “hasta en la sopa” y muchos votantes fueron a las urnas convencidos de que Ernesto Miguel arreglaría los graves problemas que tenía la ciudad. Caos en movilidad, tras Mello Castro tirar al río Guatapurí las llaves de Las camabajas y no hacer nada para controlar el mototaxismo.
Una inseguridad desbordada al punto de que los delincuentes “nos iban ganando por goleada”, como se decía en su momento. Una alta tasa de desempleo y un alto número de empleos informales que estaban acabando con la economía local.
Ni que decir de las altas tarifas de energía que tenían locos a los vallenatos. Una colección de huecos de todos los tamaños en las calles de la ciudad. Los más prominentes en la avenida Simón Bolívar, en el tramo norte, desde La María Mulata hasta Mi Pedazo de Acordeón.
En fin, un mar de caos que Ernesto prometió arreglar a partir del primero de enero, cuando llegara a la oficina de la alcaldía, en el segundo piso, que tiene su ventana principal hacia la plaza Alfonso López.
Ernesto Orozco fue un excelente administrador de los recursos de Comfacesar durante más de 14 años. Su experiencia en el manejo de la plata la adquirió allí. Con una única diferencia a lo que tiene hoy: Comfacesar es una entidad privada.
Ahora me dirán: “Ernesto sólo lleva ocho meses y nueve días en el cargo y apenas le acaban de aprobar el plan de desarrollo”. Eso es cierto y no lo discuto.
Tiene muy buenas intenciones, quiere arreglar la ciudad y se le ha visto aunando esfuerzos políticos para lograr sus propósitos. Pero Ernesto Miguel sabía, cuando ensilló ese potro, para donde iba. Que Valledupar no era la Comfacesar llena de plata. Y que administrar a un municipio pobre es otro cuento, también lo sabía.
Hasta ahora se le ha visto “mucho toque-toque pero de aquello nada”. Nada frente a la delincuencia que nos tiene acorralado y tratando de enfrentarnos a puño limpio con unos delincuentes armados, tal como lo han hecho un tendero que salió bien librado y un médico que fue enviado a la Clínica Erasmo.
Cada día los delincuentes van por ahí haciendo de las suyas ante la mirada impotente de los ciudadanos y los comerciantes. Ante la mirada, también impotente, de la Policía, que no sabe que hacer con la delincuencia. Ya los cuadrantes no funcionan; las cámaras, menos. Y parece que a los policías les da miedo perseguir a los rateros.
Nada en materia de movilidad. Porque el desorden sigue. Los motociclistas, especialmente mototaxistas y motodomiciliarios, hacen los que les da la gana en la ciudad, mientras que los guardas de tránsito están en las esquinas viendo quien les da papaya para ellos partirla.
Ni que decir de la ‘patrulla comparendera’. Llegó para acabar con el caos en la movilidad y el remedio ha sido peor. El ‘locurero’ en el centro sigue igual y los comerciantes de la carrera 11 cerrando sus negocios porque la patrulla los tiene azotados a comparendos. A propósito, sería bueno echar una miradita a ese contrato del Tránsito para ver qué tan bueno es para la ciudad.
Ernesto Miguel, se que no es fácil desenredar este entuerto llamado Valledupar. Sé que no es fácil administrar una ciudad sin plata. Sé de tus buenas intenciones y lo que haces cada día para enfrentar todo lo que ocurre.
Pero, ‘Pesta’ (así te dicen), ya está bueno. Estamos cansados de ‘torear a los delincuentes. Estamos cansados del desorden en la movilidad. Estamos cansados de los huecos en la avenida Simón Bolívar. Y ya estamos cansado de esa patrulla comparendera que apenas lleva varios días haciendo de la suyas.
Es decir, estamos mamaos. ¡Ernesto, arregla esto, por favor!



