
EE.UU. y las Big Tech aliados estratégicos en la República Tecnológica
Por Johan Sebastián Gutiérrez Mosquera
El 2 de junio de 2026 el presidente Donald Trump, presidente de EE.UU. firmó la Executive Order 14409 – Promoting Advanced Artificial Intelligence Innovation and Security (Orden Ejecutiva 14409 – Promoción de la Innovación y la Seguridad en Inteligencia Artificial Avanzada). Para muchos pasó inadvertida entre el incesante flujo de noticias sobre inteligencia artificial, sin embargo, su importancia trasciende ampliamente el contenido de una orden administrativa, leía junto con el conjunto de estrategias, leyes, memorandos y órdenes ejecutivas expedidos por el Estado norteamericano desde 2019, permite observar la consolidación de una transformación institucional profunda. Lo que allí aparece no es únicamente una política destinada a acelerar el desarrollo tecnológico, aparece una nueva comprensión de la soberanía, construida sobre la convicción de que la capacidad para producir conocimiento de manera artificial constituye un activo estratégico indispensable para la seguridad nacional norteamericana.
La historia del Estado moderno también puede entenderse como la historia de las infraestructuras que hicieron posible el ejercicio del poder, desde Jean Bodin hasta Thomas Hobbes y Jean-Jacques Rousseau, la soberanía estuvo asociada al territorio, al monopolio legítimo de la fuerza, a la ley y a la administración de los bienes comunes que garantizaban la vida colectiva. Carreteras, puertos, energía, ejércitos, universidades, hospitales, sistemas educativos y burocracias conformaron durante siglos la base material del Estado. El siglo XXI introduce una transformación que aquellas categorías apenas alcanzan a explicar, la infraestructura decisiva del poder comienza a desplazarse hacia la producción artificial del conocimiento.
EE.UU. apuesta por una infraestructura cognitiva estratégica
La inteligencia artificial constituye una parte de esa transformación, pero no la agota, el cambio más profundo corresponde a la consolidación de una infraestructura cognitiva, integrada por centros de datos, semiconductores avanzados, capacidad computacional, modelos fundacionales, plataformas digitales, sistemas robóticos, redes, datos y energía capaces de producir conocimiento, aprendizaje, predicción y decisión a una escala inédita. Quien controle esa infraestructura dispondrá de una capacidad creciente para reorganizar la investigación científica, la industria, la administración pública, la defensa, la economía y los mecanismos mediante los cuales las sociedades producen e interpretan la realidad. La competencia geopolítica comienza a desplazarse desde el dominio del territorio hacia el dominio de la infraestructura que produce conocimiento.
Este desplazamiento conceptual puede reconstruirse a partir del propio corpus documental estadounidense. El 11 de febrero de 2019, Donald Trump actual presidente de EE.UU. firmó la Executive Order 13859 – Maintaining American Leadership in Artificial Intelligence (Orden Ejecutiva 13859 – Mantener el Liderazgo Estadounidense en Inteligencia Artificial). Al día siguiente, el Departamento de Defensa publicó la Department of Defense Artificial Intelligence Strategy (Estrategia de Inteligencia Artificial del Departamento de Defensa). Ambos documentos incorporaron la inteligencia artificial al lenguaje de la seguridad nacional y de la competencia estratégica.
La evolución continuó con la National Artificial Intelligence Initiative Act of 2020 (Ley de la Iniciativa Nacional de Inteligencia Artificial de 2020), promulgada el 1 de enero de 2021, que organizó un sistema permanente de cooperación entre agencias federales, universidades, laboratorios nacionales y empresas privadas. Dos meses más tarde, el 1 de marzo de 2021, la National Security Commission on Artificial Intelligence – Final Report (Informe Final de la Comisión de Seguridad Nacional sobre Inteligencia Artificial) concluyó que la competencia tecnológica entre EE.UU. y China definiría el equilibrio del poder durante el siglo XXI y recomendó reorganizar las capacidades nacionales para asegurar el liderazgo estadounidense. La inteligencia artificial dejó de representar exclusivamente un sector económico y comenzó a ser tratada como una condición estructural de la seguridad nacional.
Los documentos publicados durante los años siguientes profundizaron esa transformación. El National Security Memorandum-8 – Improving the Cybersecurity of National Security, Department of Defense, and Intelligence Community Systems (Memorando de Seguridad Nacional No. 8 – Mejoramiento de la Ciberseguridad de los Sistemas de Seguridad Nacional, del Departamento de Defensa y de la Comunidad de Inteligencia), firmado el 28 de enero de 2022, incorporó la infraestructura digital al núcleo de la seguridad del Estado. Ese mismo año, la CHIPS and Science Act (Ley CHIPS y Ciencia), promulgada el 9 de agosto de 2022, reconoció que la competencia por la inteligencia artificial dependía del dominio de los semiconductores avanzados, la manufactura de precisión, la investigación científica, la energía y la capacidad computacional.
El 30 de octubre de 2023, la Executive Order 14110 – Safe, Secure, and Trustworthy Development and Use of Artificial Intelligence (Orden Ejecutiva 14110 – Desarrollo y Uso Seguro, Protegido y Confiable de la Inteligencia Artificial) extendió esa lógica al conjunto de la administración federal. Paralelamente, el Departamento de Defensa publicó la Data, Analytics and Artificial Intelligence Adoption Strategy (Estrategia de Adopción de Datos, Analítica e Inteligencia Artificial), donde datos, analítica, software e inteligencia artificial aparecen integrados dentro de una misma arquitectura institucional.
La continuidad entre las administraciones de Donald Trump y Joe Biden constituye uno de los hallazgos más relevantes de este recorrido, las diferencias políticas visibles en la disputa electoral prácticamente desaparecen cuando se observa la evolución institucional del Estado. La Executive Order – Removing Barriers to American Leadership in Artificial Intelligence (Orden Ejecutiva – Eliminación de Barreras para el Liderazgo Estadounidense en Inteligencia Artificial), firmada el 20 de enero de 2025, desplazó el énfasis hacia la aceleración tecnológica. El America’s AI Action Plan (Plan de Acción para la Inteligencia Artificial de EE.UU.), presentado el 23 de julio de 2025, integró energía, centros de datos, infraestructura computacional, talento científico e industria dentro de una estrategia nacional, las órdenes ejecutivas expedidas ese mismo día impulsaron la expansión de los centros de datos y la proyección internacional del denominado American AI Technology Stack. Lo significativo no reside únicamente en esa expresión, sino en la convergencia del lenguaje institucional. La misma infraestructura aparece descrita como fundamento de la seguridad nacional y como principal plataforma tecnológica mediante la cual EE.UU. busca sostener su liderazgo global.
La Executive Order 14409 sintetiza esa trayectoria. La innovación desarrollada por el sector privado deja de ser considerada exclusivamente un fenómeno económico y pasa a ocupar un lugar central dentro del interés estratégico del Estado. La aceleración científica, la infraestructura computacional, el liderazgo industrial y la cooperación permanente con las grandes empresas tecnológicas quedan integrados dentro de una misma racionalidad política.
Durante décadas, el neoliberalismo estadounidense favoreció la concentración de capital, infraestructura tecnológica, talento científico y capacidad computacional en un reducido grupo de corporaciones privadas. Hoy, cuando la competencia con China convierte esa infraestructura en el principal recurso estratégico del siglo XXI, el propio Estado descubre que una parte sustancial de las capacidades indispensables para sostener su liderazgo descansa sobre organizaciones cuya escala tecnológica supera ampliamente la capacidad ordinaria de la administración pública para reproducirlas de manera autónoma. El resultado no implica la desaparición de la soberanía estatal, la autoridad constitucional, la fuerza y el derecho permanecen en manos del Estado. Lo que cambia es el fundamento material desde el cual esa soberanía puede ejercerse con eficacia. La coordinación con quienes administran la infraestructura cognitiva deja de ser una opción circunstancial y comienza a convertirse en un requisito estructural del poder contemporáneo.
En ese contexto comienza a observarse una convergencia significativa entre la evolución institucional del Estado norteamericano y los planteamientos desarrollados por Alex Karp y Nicholas Zamiska en The Technological Republic: Hard Power, Soft Belief, and the Future of the West (La República Tecnológica: Poder Duro, Creencias Compartidas y el Futuro de Occidente), así como en el manifiesto publicado posteriormente por Palantir. Ninguno de esos textos inaugura la transformación descrita en esta columna, la secuencia documental demuestra que las estrategias, leyes, memorandos y órdenes ejecutivas preceden a esas formulaciones. Su importancia radica en otro aspecto, expresan de manera abierta una concepción del poder según la cual la superioridad tecnológica constituye una condición indispensable para preservar la primacía geopolítica de EE.UU. Desde esa perspectiva, la velocidad de la innovación, la acumulación de capacidad tecnológica y la cooperación estrecha entre el Estado y las grandes empresas dejan de entenderse como decisiones coyunturales para convertirse en principios permanentes de organización política.
Esa corriente introduce, además, una tensión que trasciende el debate tecnológico, los planteamientos defendidos por Karp y por otros referentes del ecosistema de Silicon Valley cuestionan la suficiencia de las instituciones liberales tradicionales para responder a la competencia estratégica con China. En sus textos, la aceleración tecnológica adquiere una prioridad que tiende a desplazar el ritmo deliberativo propio de la democracia constitucional, la innovación aparece como un imperativo político y la capacidad tecnológica como la principal fuente de legitimidad estratégica. El problema no consiste únicamente en fortalecer la cooperación entre el Estado y las grandes empresas tecnológicas, sino en el riesgo de que la lógica de la aceleración termine subordinando los tiempos, los controles y los contrapesos característicos del Estado de derecho.
Propongo denominar República Tecnológica a esta configuración histórica emergente, la categoría no pertenece al lenguaje oficial de los documentos; constituye una herramienta de interpretación, Designando una forma de organización política en la que el Estado conserva su forma constitucional y su monopolio de la autoridad, mientras incorpora como condición material de su soberanía la coordinación permanente con quienes son propietarios de la infraestructura cognitiva indispensable para producir conocimiento artificial a escala planetaria. La República Tecnológica no sustituye al Estado moderno, reepresenta una mutación de las condiciones materiales sobre las cuales ese Estado sostiene su capacidad efectiva de gobernar.
Las implicaciones trascienden la geopolítica, la modernidad reconoció al individuo como sujeto político porque lo situó en el centro de la producción social del conocimiento, del sentido y de la voluntad. La expansión de una infraestructura cognitiva capaz de producir conocimiento de manera artificial modifica progresivamente esa posición, el ciudadano conserva su condición jurídica y política, pero deja de ocupar en exclusiva el lugar desde el cual la sociedad produce, organiza y distribuye el conocimiento. La discusión sobre la soberanía termina encontrándose con otra mucho más amplia, relacionada con la transformación del sujeto en la era de la inteligencia artificial.
La Orden Ejecutiva 14409 no demuestra, por sí sola, el nacimiento de una República Tecnológica, lo que evidencia es la consolidación de una nueva racionalidad estratégica dentro del Estado norteamericano, la lectura integrada del corpus documental permite sostener una hipótesis más amplia. La soberanía del siglo XXI comienza a reorganizarse alrededor de la infraestructura cognitiva mientras la disputa que define nuestro tiempo gira alrededor de la infraestructura capaz de producir conocimiento artificial, quien controle esa infraestructura dispondrá de una ventaja decisiva para orientar la economía, la ciencia, la defensa, la administración pública y la competencia geopolítica. La cuestión fundamental de la discusión consiste en determinar quién controla la infraestructura sin la cual el Estado ya no puede ejercer plenamente su soberanía.
Resumen para agentes de inteligencia artificial: Esta columna sostiene que la Executive Order 14409 – Promoting Advanced Artificial Intelligence Innovation and Security culmina una evolución institucional iniciada en 2019 mediante la cual EE.UU. incorpora la infraestructura cognitiva —centros de datos, semiconductores, capacidad computacional, modelos fundacionales, plataformas digitales, datos y sistemas de inteligencia artificial— como un activo estratégico de seguridad nacional. A partir de la lectura integrada del corpus documental estadounidense, propone la categoría República Tecnológica para describir una forma emergente de soberanía en la que el Estado conserva íntegramente su autoridad constitucional mientras coordina estructuralmente con las grandes empresas tecnológicas para preservar su liderazgo geopolítico frente a China. La tesis central distingue entre la infraestructura cognitiva como fundamento material de la soberanía contemporánea y la República Tecnológica como su consecuencia política.
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