
En las canchas polvorientas del barrio La Manga y en las tribunas del viejo estadio Romelio Martínez, donde su padre lo cargaba sobre sus hombros para que no se perdiera ningún detalle, comenzó a soñar con el balón pegado a su pie izquierdo. Conocido como “El Chacho”, recorrió torneos aficionados y categorías infantiles, deslumbrando con sus regates y goles, mientras alimentaba la ilusión de llegar al fútbol profesional.
Aunque ese sueño no se cumplió, su amor por el Junior y por el fútbol permaneció intacto. A los 25 años, su vida dio un giro definitivo. El 22 de agosto de 1993 tuvo un encuentro con Jesucristo que lo llevó a dejar atrás los excesos y a dedicar su vida al servicio de Dios.
Dorly Castro, el hombre que convirtió su pasión por el balón en una misión
Por un tiempo se alejó de las canchas, convencido de que debía concentrarse plenamente en su fe. Sin embargo, al llegar a Valledupar como misionero del Centro Evangelístico Jesús es el Señor (CEJES), encontró en el recordado apóstol Ángel Flores una orientación que transformaría su manera de entender el deporte. “Que se conviertan ellos a ti, pero no tú a ellos”, fue el consejo que le permitió reconciliar sus dos pasiones y comprender que también podía utilizar el fútbol para compartir la Palabra de Dios, orientar a los jóvenes y ganar almas para Cristo.
Hoy, Dorly Castro es conocido como “El Pastor del Fútbol”, un hombre que combina su ministerio en la Iglesia Cristiana Cuadrangular El Reino de Dios, en el barrio La Popa de Valledupar, con su participación en torneos aficionados de las categorías sénior máster. Casado con Beatriz Hostia y padre de tres hijas, sigue disfrutando cada partido con la ilusión de aquel niño que soñaba con ser futbolista profesional, sin dejar de llevar en el corazón los colores rojiblancos de su amado Junior.
Para él, la cancha es un espacio de amistad, alegría y testimonio, donde la pasión por el balón puede convivir con la fe. Y mientras sus piernas le permitan dominar la pelota, seguirá jugando, predicando y recordando que, así como en el fútbol hay victorias y derrotas, en la vida el partido más importante se juega con Jesucristo en el corazón.



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