En Colombia, la disputa por la tierra ha sido durante décadas, la raíz de profundas tensiones y conflictos sociales que han cobrado la vida de miles de campesinos, indígenas y afrodescendientes. No obstante, de ese mismo dolor han surgido procesos de organización y resistencia, liderados por hombres y mujeres que siguen luchando por justicia social, reconocimiento y el derecho a vivir con dignidad en los territorios que les pertenecen.
Un ejemplo inspirador es la gesta del Movimiento de Trabajadoras y Trabajadores Campesinos y Campesinas del Cesar (MTCC) que, tras años de resistencia organizada y gracias a la implementación de la Reforma Agraria del Gobierno nacional, logró recibir la finca Calandaima de 1.135 hectáreas de la Agencia Nacional de Tierras que beneficia a 118 familias donde hoy siembran futuro, consolidan su identidad y cosechan esperanza para las generaciones venideras.
“Llegamos aquí hace tres años persiguiendo un sueño. Nos tocó luchar y, sobre todo, resistir, hasta que nuestro presidente Petro, nos escuchó y el 4 de mayo de 2024 nos entregó esta finca, antes conocida como Calandaima”, expresó Deixy Gutiérrez, campesina y beneficiaria de este predio.
Luego agregó: “Nosotros decidimos rebautizarla como Nuevo Amanecer, porque para nosotros simboliza el renacer de nuestras vidas y la esperanza de un futuro digno para nuestros hijos. Ahora con orgullo si puedo decir “Esta tierra sí es mía”, afirma con la voz entrecortada por la emoción esta campesina, madre de dos hijos y orgullosa abuela de dos pequeños.

Deixy Gutiérrez recuerda que pasó gran parte de su vida en el corregimiento de Zapatosa, en el municipio de Tamalemeque, al sur del Cesar. Hoy, con gratitud y orgullo, aprovecha el terreno para cultivar yuca, maíz y plátano; también cría gallinas y cerdos que alimentan a su familia y, además, mantiene vivas las raíces de su pueblo al sembrar plantas medicinales, un valioso legado del saber ancestral que ha pasado de generación en generación entre los campesinos.
Ella está convencida de que, bajo el Gobierno del presidente Gustavo Petro, la vida se ha dignificado para miles de familias que, como ella, han logrado recuperar la tierra para quien realmente la trabaja con amor y convicción.
Para honrar su lucha emprendida por el derecho a la tierra, decidió nombrar su parcela Villa Deilyn, en homenaje a su nieta, quien, con apenas tres años, la acompañó en el difícil camino que debieron recorrer para alcanzar la tan anhelada tierra prometida.
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Al caminar por estos terrenos, Deixy recuerda que las 1.135 hectáreas que hoy comparte con más de 118 familias, antes de ser recuperadas por la ANT, estaban en gran parte improductivas, dedicadas únicamente a la ganadería y a la explotación maderera, sin ofrecer oportunidades ni esperanza a quienes soñaban con sembrar en ellas un porvenir distinto.
“Antes, en estas tierras no se cultivaba nada; era un terreno con apenas unas pocas vacas. Hoy, gracias a la Reforma Agraria y al liderazgo del doctor Felipe Harman, de la Agencia Nacional de Tierras, sembramos de todo: maíz, yuca, plátano, malanga, ñame y frutales que ahora llegan a la mesa de nuestras comunidades. También, cultivamos plantas con las que elaboramos remedios tradicionales, saberes ancestrales que han servido para curar enfermedades en nuestro pueblo”, cuenta con orgullo Deixy Gutiérrez.
La finca Calandaima, hoy llamada Nuevo Amanecer y ubicada en jurisdicción del municipio de Chimichagua, hace parte de las 28.000 hectáreas con vocación agrícola que la Agencia Nacional de Tierras ha entregado a cerca de 3.000 familias campesinas y comunidades étnicas sin tierra en el departamento del Cesar.
En estos predios, distribuidos a lo largo y ancho del departamento, hoy se cultivan maíz, yuca, fríjol, ajonjolí, plátano, melón, ahuyama, patilla y una gran variedad de productos que no solo aseguran la soberanía alimentaria, sino que impulsan el desarrollo económico de familias que hoy viven y trabajan en verdaderos territorios de paz.

