
Una influencer mexicana y una estudiante colombiana fueron asesinadas en situaciones que, aunque ocurrieron en países distintos, tienen muchas cosas en común. Por eso, muchas personas se preguntan: ¿Es solo una coincidencia o estamos viendo una nueva y peligrosa forma de atacar a las mujeres?
Valeria Márquez, de 23 años, era influencer y dueña de un salón de belleza en Jalisco, México. Fue asesinada a sangre fría mientras hacía una transmisión en vivo, un hecho que dejó en shock a sus seguidores. Además, su expareja es señalado como sospechoso, ya que Valeria había advertido públicamente en redes sociales que si algo le ocurría a ella o a su familia, él sería el responsable.
Menos de 24 horas después, en Cúcuta, Colombia, María José Estupiñán, una estudiante de Comunicación Social de 22 años, fue atacada en la puerta de su casa por un hombre que fingió ser un domiciliario para acercarse. Su expareja, quien tenía antecedentes por violencia intrafamiliar, es el principal sospechoso del crimen.
Ambas eran jóvenes, activas en redes sociales, modelos y emprendedoras. Lo que más ha llamado la atención es que las dos tenían antecedentes de problemas con sus ex parejas y que en los dos casos, los atacantes usaron engaños, haciéndose pasar por domiciliarios o ingresando con excusas para acercarse y asesinarlas en espacios que deberían haber sido seguros.
Además, en redes sociales, muchos han notado el parecido físico entre Valeria y María José: ambas tenían el cabello rubio, se habían realizado procedimientos estéticos como perfilamiento de nariz y otros retoques, compartiendo un estilo similar al vestir moderno.
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Esa similitud ha hecho crecer aún más la inquietud:
¿Es solo una coincidencia o los atacantes eligieron a sus víctimas por un perfil específico?
En redes, los usuarios se preguntan si estos hechos están relacionados o si podrían marcar el inicio de una nueva forma de ataque contra mujeres visibles, especialmente aquellas con presencia online.
Aunque las autoridades aún no han establecido una conexión directa entre los casos, las coincidencias son difíciles de ignorar. Y la pregunta que flota en el aire es tan clara como inquietante:
¿Estamos ante una nueva forma de violencia contra las mujeres, o simplemente frente a dos tragedias paralelas que nos están mostrando algo más profundo y preocupante?




