
La carrera presidencial rumbo a 2026 atraviesa uno de sus momentos más complejos en el sector progresista colombiano, luego de la controversia generada alrededor de la consulta prevista para el próximo 8 de marzo. La decisión de la autoridad electoral de excluir al senador Iván Cepeda del mecanismo alteró los planes iniciales y abrió una grieta que hoy divide a la izquierda y a la centro-izquierda.
El proceso, que había sido concebido como un escenario de unidad para definir un candidato único, se transformó en un punto de confrontación política. Para varios sectores, la salida de Cepeda no solo afecta el equilibrio del mecanismo, sino que también debilita la legitimidad de la consulta como herramienta de cohesión interna. Las reacciones no se hicieron esperar y evidenciaron posturas encontradas entre quienes insisten en seguir adelante y quienes consideran que el proceso perdió su sentido original.
Uno de los principales defensores de mantener el mecanismo es el exembajador Roy Barreras. El dirigente ha reiterado públicamente que seguirá participando en la consulta, aun sin la presencia de Cepeda, y ha planteado la posibilidad de ampliarla con otros nombres que permitan sostener la representación del progresismo. Para Barreras, abandonar el proceso podría significar una ventaja estratégica para otros sectores políticos en la contienda presidencial.
Barreras sostiene que el mecanismo del 8 de marzo sigue siendo una oportunidad para medir fuerzas y movilizar votantes antes de la primera vuelta. En su discurso, ha insistido en que la consulta no puede depender de una sola figura y que el proyecto político debe estar por encima de los liderazgos individuales. Sin embargo, esta postura no ha logrado consenso dentro del bloque alternativo.
En contraste, Juan Fernando Cristo tomó una decisión distinta. El exministro, que inicialmente se había inscrito en el proceso, anunció su retiro y confirmó que continuará su aspiración presidencial por fuera de la consulta, enfocándose directamente en la primera vuelta del 31 de mayo. Según Cristo, la exclusión de Iván Cepeda cambió de fondo el escenario y le restó sentido político al mecanismo.
Cristo ha señalado que el momento exige claridad frente a las reglas de juego y que persistir en una consulta sin garantías plenas podría profundizar las divisiones internas. Su salida fue interpretada por algunos analistas como una señal de alerta sobre la dificultad de construir consensos en el espectro progresista, especialmente en un contexto electoral cada vez más competitivo.
¿Por qué la consulta del 8 de marzo fracturó a la izquierda?
La controversia también ha puesto en evidencia tensiones históricas entre distintos sectores de la izquierda. Mientras algunos priorizan la unidad a cualquier costo, otros consideran que el proceso perdió representatividad y prefieren reorganizar fuerzas de cara a la campaña presidencial. En ese pulso, la consulta pasó de ser un símbolo de convergencia a un factor de fractura política.
A pocas semanas de la fecha prevista, el panorama sigue abierto. No se descartan nuevos movimientos, adhesiones o renuncias que redefinan el rumbo del proceso. Lo cierto es que la consulta del 8 de marzo ya dejó una huella profunda en el escenario político y obligó a replantear estrategias en un año decisivo para el futuro electoral del país.
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