En Caracas una nueva jornada de protesta universitaria marcó este martes 3 de febrero el retorno de las movilizaciones estudiantiles en Venezuela, luego de meses de silencio forzado por la represión y el temor. Cientos de jóvenes, acompañados por activistas y familiares de detenidos, salieron a las calles para exigir la liberación de los presos políticos y la discusión de una ley de amnistía sin restricciones.
La movilización se desarrolló de forma pacífica y tuvo como principal punto de encuentro la Universidad Central de Venezuela. Desde primeras horas de la mañana, estudiantes de distintas casas de estudio comenzaron a concentrarse con pancartas, consignas y fotografías de personas privadas de libertad por razones políticas.
Caracas como epicentro del retorno de las movilizaciones universitarias
En Caracas, alrededor de 500 personas participaron directamente en la protesta, según estimaciones de los organizadores. La cifra, aunque modesta en comparación con años anteriores, fue interpretada como una señal de reactivación del movimiento estudiantil, históricamente uno de los actores más visibles de la oposición social en el país.
Durante el recorrido, los manifestantes insistieron en que la amnistía debe beneficiar a todas las personas procesadas o condenadas por motivos políticos, sin exclusiones ni condicionamientos. También reclamaron que cualquier iniciativa legal contemple la restitución plena de los derechos civiles y políticos de los beneficiarios, incluyendo la posibilidad de participar en procesos electorales y actividades públicas.
“Estamos aquí porque el miedo no puede ser la norma”, expresó una estudiante de Derecho que marchó con una cinta blanca atada a la muñeca. En Caracas, las consignas se centraron en la libertad, la justicia y el derecho a la protesta, evitando llamados a la confrontación directa.
Uno de los elementos más simbólicos de la jornada fue la presencia de algunos dirigentes y activistas que recuperaron recientemente su libertad. Su participación fue leída como un mensaje de respaldo a quienes aún permanecen detenidos y como una advertencia sobre las condiciones en las que se produjeron esas excarcelaciones, muchas veces sujetas a medidas restrictivas.
El contexto de esta protesta contrasta con lo ocurrido en 2024, cuando una ola de manifestaciones dejó más de dos mil personas detenidas en todo el país. En Caracas, esas jornadas estuvieron marcadas por fuertes operativos de seguridad, detenciones masivas y denuncias de violaciones a los derechos humanos, lo que derivó en un repliegue casi total de las protestas públicas.
El acto de este martes coincidió, además, con el primer mes de la incursión militar estadounidense anunciada por Washington, un hecho que ha elevado la tensión política y diplomática en la región. Analistas consultados señalan que este escenario ha servido tanto para reforzar el discurso oficialista como para reactivar algunas expresiones de protesta social.
Mientras los estudiantes se movilizaban, el chavismo realizó una marcha paralela en apoyo al presidente Nicolás Maduro y a la primera dama, Cilia Flores. En distintos puntos de Caracas, simpatizantes del Gobierno se congregaron con banderas y consignas oficialistas, destacando la “defensa de la soberanía” y rechazando cualquier tipo de amnistía amplia.
Pese a la coexistencia de ambas movilizaciones, no se reportaron enfrentamientos directos. Organizaciones de derechos humanos valoraron la ausencia de hechos violentos y subrayaron la importancia de que se garantice el derecho a la protesta pacífica, especialmente en un contexto de alta polarización.
Para los estudiantes, la jornada representa un primer paso. En Caracas y otras ciudades, se evalúa la posibilidad de nuevas acciones, siempre que existan condiciones mínimas de seguridad. “No se trata solo de marchar, sino de abrir un debate nacional sobre la justicia y la reconciliación”, afirmó uno de los voceros. Al cierre de la movilización, los organizadores reiteraron su llamado a la comunidad internacional para que mantenga la atención sobre la situación de los presos políticos y el respeto a los derechos fundamentales. En Caracas, el eco de las consignas volvió a escucharse, recordando que, pese al silencio impuesto en los últimos meses, el movimiento estudiantil sigue buscando espacios para hacerse oír.
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