
En su discurso, Abelardo de la Espriella planteó un Estado fuerte, una ofensiva contra el narcoterrorismo, la erradicación de los cultivos ilícitos, una revisión a la JEP y un Gobierno que, aseguró, respetará la separación de poderes.
Abelardo de la Espriella trazó en su discurso una hoja de ruta marcada por la “regeneración nacional”, el fortalecimiento de la autoridad del Estado, la lucha frontal contra las organizaciones criminales y un compromiso explícito con el respeto a las instituciones.
El nuevo mandatario planteó que Colombia debe emprender una nueva etapa de transformación, evocando la idea de regeneración impulsada en su momento por Rafael Núñez. Según su planteamiento, esa nueva etapa deberá estar sustentada en un Estado fuerte, sin menoscabar la unidad de la República.
La propuesta, dijo, tendrá también una dimensión ética y administrativa. Habló de una regeneración moral en el ejercicio del poder y de una regeneración administrativa que convierta la eficiencia y la transparencia en ejes fundamentales del servicio público.
Pero uno de los capítulos más contundentes de su intervención estuvo dedicado a la seguridad.
“Ha llegado la hora de la recuperación total”
Abelardo reafirmó su intención de derrotar “sin tregua” al narcoterrorismo y a las organizaciones criminales que amenazan al país.
El presidente aseguró que “ha llegado la hora de la recuperación total” y anunció que impartirá órdenes a la Fuerza Pública para combatir las estructuras criminales.
Su mensaje fue directo: los integrantes de esas organizaciones tendrán, según sus palabras, dos caminos: someterse al imperio de la ley o enfrentarse a la fuerza decidida del Estado colombiano.
En esa misma línea, anunció que en las próximas horas su Gobierno expedirá un listado de los grupos que serán identificados como narcoterroristas.
También fue categórico al señalar que “la opción del diálogo está agotada”, marcando así una postura de mano dura frente a las organizaciones armadas ilegales.
Coca por coco, cacao y palma
La política contra el narcotráfico no se limitará, según su discurso, a la persecución de las estructuras criminales.
Abelardo afirmó que “la erradicación de los cultivos ilícitos por todas las vías es una prioridad nacional” y aseguró que ha llegado la hora de erradicar definitivamente ese flagelo.
Pero acompañó la ofensiva con una propuesta de sustitución productiva. “La coca dará paso al coco, al cacao, a la palma y a una agricultura libre en la patria milagro”, sostuvo.
La idea plantea transformar las zonas donde hoy predominan los cultivos ilícitos mediante alternativas agrícolas legales y productivas.
“La era del tigre”
En medio de su discurso de seguridad, Abelardo utilizó una expresión que puede convertirse en una de las marcas de su Gobierno: “la era del tigre”.
Según afirmó, será una etapa “contundente y certera contra el crimen”.
Abelardo llama a la unidad nacional bajo el mismo tricolor
El mandatario anunció además la construcción de megacárceles para recluir a quienes representen la mayor amenaza para la seguridad del pueblo colombiano.
A esto sumó una promesa de respaldo a militares y policías. Aseguró que su Gobierno protegerá a los miembros de la Fuerza Pública para que no sean perseguidos por cuenta del cumplimiento de su deber.
Y les dijo que en sus manos está “una parte esencial de la construcción de la patria milagro”.
Revisión a la JEP
Otro de los anuncios políticos fue la revisión de la Jurisdicción Especial para la Paz.
Abelardo afirmó que su Gobierno revisará con rigor la naturaleza y los efectos de la JEP y aseguró que en Colombia ningún crimen atroz volverá a ser tratado “con guantes de seda” por parte del Estado.
La declaración se suma a su propuesta de recuperar la autoridad y fortalecer el papel del Estado frente al crimen.
Un Gobierno desde las regiones
Abelardo prometió además que gobernará desde las regiones y que dedicará sus energías a recorrer el territorio nacional.
Su objetivo, afirmó, es que al finalizar el mandato Colombia pueda decir que “la autoridad volvió a sentirse en cada rincón de la patria”.
La presencia territorial aparece así como otro componente de su proyecto: no solo combatir a las organizaciones criminales, sino llevar la institucionalidad a las regiones y recuperar el control del territorio.
Respeto por la separación de poderes
Pese al discurso de un Estado fuerte, Abelardo insistió en que su Gobierno respetará el equilibrio institucional.
Aseguró que la relación entre Ejecutivo y Legislativo no estará determinada por acuerdos personales ni negociaciones ocultas.
También prometió garantías para todas las fuerzas políticas, incluida la oposición. Las mayorías, dijo, tendrán derecho a gobernar y las minorías tendrán derecho a controvertir con las garantías reconocidas por la Constitución y la ley.
Sobre la Rama Judicial, sostuvo que ocupa un lugar importante dentro del Estado y reivindicó el papel de las cortes y del Consejo de Estado.
Fue enfático al afirmar: “Mi Gobierno no va a intervenir, no va a atacar a los jueces”.
Sin Constituyente y por cuatro años
En uno de los anuncios más claros de su discurso institucional, Abelardo aseguró que durante su Gobierno no se abrirá camino a una Constituyente de ninguna naturaleza.
También afirmó que gobernará durante los cuatro años establecidos por la Constitución y que trabajará “cada uno de sus días y sus noches”.
Su promesa es entregar la Presidencia al terminar ese periodo con las instituciones fortalecidas.
Unidad nacional y homenaje a Miguel Uribe Turbay
El discurso también tuvo un componente de unidad política.
Abelardo sostuvo que, por encima de las diferencias ideológicas, los colombianos deben poder “abrazarnos bajo el mismo tricolor”.
En ese contexto rindió un sentido homenaje a la memoria de Miguel Uribe Turbay, a quien recordó con una frase contundente: “Colombia nunca te va a olvidar”.
También reconoció a su vicepresidente, a quien calificó como un “compañero excepcional durante todos estos meses” y aseguró que será un “guerrero fundamental” en la tarea de reconstruir a Colombia.
El mandatario recordó además la lucha contra el terrorismo que Colombia enfrentó a comienzos de este siglo y destacó en ese periodo el papel del expresidente Álvaro Uribe.
El discurso deja, hasta este punto, una definición política clara: Abelardo apuesta por un Estado fuerte, una ofensiva frontal contra el crimen, una nueva regeneración moral y administrativa, presencia territorial y autoridad, pero acompañadas —según sus propias palabras— por respeto a la Constitución, independencia judicial, equilibrio de poderes y garantías para la oposición.
La gran pregunta será ahora cómo esas promesas se traducirán en decisiones concretas durante los primeros meses de Gobierno.
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