Un nuevo hecho de violencia empañó la Copa Perú en el duelo entre Sport Huaquilla y Magdalena Cedec. A solo ocho minutos del final, el árbitro Luis Alegre tomó una decisión determinante al expulsar a un jugador del equipo visitante, lo que generó una reacción airada en el cuerpo técnico de Magdalena. Entre gritos y reclamos, la tensión en el campo fue en aumento hasta que la situación se salió de control.
En un momento insólito, un asistente del equipo de Magdalena ingresó al campo con una botella en la mano, aparentemente con la intención de agredir al árbitro. Sin dudarlo, Alegre respondió con una patada en el pecho que dejó al agresor tendido en el césped, generando la sorpresa de los jugadores y espectadores. La escena rápidamente se tornó caótica, con jugadores y miembros del cuerpo técnico confrontándose en medio de la confusión.
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La Policía Nacional tuvo que intervenir para evitar que la situación escalara aún más y garantizar la seguridad de los involucrados. Este lamentable episodio ha reabierto el debate sobre la creciente violencia en el fútbol peruano, donde no solo los aficionados protagonizan actos reprochables, sino que también los árbitros han comenzado a responder con acciones fuera de toda norma. Ahora, las autoridades deportivas deberán analizar lo sucedido y tomar medidas para evitar que este tipo de situaciones se repitan en el futuro.

