
Por: Ubaldo Anaya Flórez
La vida nos cambia en sólo un chasquido de dedos. Pasamos de la alegría al dolor en un segundo. Lo que era una fiesta llena de magia, alegría, felicidad, bendiciones, sueños por iniciar, caminos por comenzar, terminó en una tragedia.
Las gotas de lluvias eran tan gruesas esa noche que parecían chorros que caían del cielo. Algunas lagrimas de felicidad se confundieron con el agua que mojaba los rostros. Y Dios estaba ahí, aunque hoy muchos aseguren que es un castigo.
Dios no puede castigar de esa manera a sus hijos buenos, aunque se porten mal; aunque no se comprendan. Aunque tengan diferencias familiares. Dios no nos manda la muerte como castigo. Y mucho menos a personas inocentes, creyentes. Personan que profesan la fe con gran devoción.
“El SEÑOR es bueno para con todos”, se lee en Salmos145:9.
Ahora nos quieren desviar la atención de lo que pasó. Ahora están buscando culpables entre lo Divino y no lo humano. Hoy están corriendo una cortina para que todo se guarde en el oscuro rincón del olvido de nuestra mente colectiva.
¡Pero eso no puede pasar! Una tragedia inédita como esta no puede quedarse en la queja en redes sociales, en la culpa a Dios, mientras que los verdaderos responsables guardan silencio.
No estoy diciendo aquí quienes son los responsables. ¡Que eso quede bien claro! No soy el juez, ni el Fiscal y mucho menos el abogado.
Lo que quiero decir es que es la Fiscalía la que debe comenzar a buscar responsables. Es la Fiscalía la que debe hacer una investigación a fondo para determinar lo que pasó.
¡Ah!, pero ahora me dirán que la Fiscalía no ahondará en el tema porque no fue intencional. Que fue un suceso natural, fortuito, y que la culpa es de la lluvia.
¡No señor! No nos podemos quedar con que la culpa es de la vaca. Aquí el ente investigador colombiano debe hacer su trabajo.
Es cierto. Ya la Fiscalía inició una investigación de oficio al conocer la noticia criminal del hecho (así se le llama). Pero, muchos ya aseguran que nada pasará con esa investigación penal porque eso debe investigarse a través de un proceso que conocen los jueces administrativos.
Una tragedia de esta magnitud: cuatro muertos (por el momento) y decenas de heridos, no puede quedar como un mero hito en nuestra trágica historia vallenata. A eso súmele las secuelas físicas y las marcas psicológicas que quedarán en los sobrevivientes de este hecho. Es más, el amargo recuerdo que tendrá una pareja a lo largo de su vida, cada año cuando celebre su aniversario de boda.
Que den la cara los propietarios del hotel; los diseñadores de ese proyecto y hasta los responsables en la alcaldía de Valledupar de controlar que las construcciones se hagan cumpliendo todas las normas.
Que expliquen los inspectores urbanos por qué no se hacen los controles previos; por qué no suspenden las obras a aquellas construcciones sin licencia, que cientos de ellas existen en la ciudad.
Que la Policía haga cumplir el Código de Policía y Convivencia Ciudadana respecto de los permisos que deben tener quienes inician una actividad comercial, entre ellos el certificado otorgado por el Cuerpo de Bomberos.
Muy bonito lo del secretario de gobierno municipal, Jorge Pérez Peralta de suspender las obras complementarias que se hacían en la Casa Hotel Riascos, donde ocurrió la tragedia. ¡Ya para qué!
Salgan a las calles a controlar a quienes invaden el espacio público robándole unos metros a la ciudad; a quienes construyen sin licencias ni permisos y a quienes se pasan las normas por la faja porque saben que no hay ningún tipo de control en Valledupar.
Ya es tiempo de que las autoridades comiencen a pedir resultados respecto de las responsabilidades; tal como lo han pedido los familiares y amigos de las víctimas.
Es tiempo de que todo tiremos hacia el mismo lado exigiendo justicia, porque esta tragedia no puede quedar en la impunidad.







