Una explosión registrada la noche del 5 de febrero de 2026 en una mina de carbón del municipio de Guachetá, Cundinamarca, desencadenó una de las tragedias más graves recientes en el sector extractivo del departamento. El estallido, ocurrido en un frente subterráneo, dejó a mineros atrapados a unos 170 metros de profundidad tras provocar el colapso de varios túneles y comprometer seriamente la estabilidad de la estructura.
Según la información preliminar entregada por las autoridades, la detonación habría sido causada por la acumulación de gases inflamables en el interior de la mina. El impacto bloqueó la única vía de acceso y salida, lo que dificultó desde el primer momento el ingreso de los organismos de socorro y elevó el nivel de riesgo para cualquier intento de rescate.
Ante la emergencia, las autoridades locales activaron los protocolos de respuesta y se instaló un Puesto de Mando Unificado para coordinar las labores de búsqueda y salvamento. Al sitio llegaron unidades de bomberos, personal especializado en rescate minero y otros organismos de atención, mientras familiares de los mineros permanecían a la espera de información en las afueras de la explotación.
La profundidad a la que se encontraban los trabajadores representó uno de los principales desafíos para las cuadrillas de rescate. Los mineros estaban ubicados en un punto de difícil acceso, lo que obligó al uso de equipos especializados y a la aplicación de estrictos procedimientos de seguridad para evitar nuevos derrumbes o explosiones secundarias.
Mineros y riesgos de la minería informal en Cundinamarca
A estas dificultades se sumó la acumulación de gases tóxicos y la inestabilidad estructural del terreno, factores que ralentizaron el avance de las operaciones. Las autoridades advirtieron que cualquier ingreso debía realizarse de manera gradual y controlada para proteger la vida de los rescatistas y evitar un colapso mayor de la mina.
En la mañana del 7 de febrero, la Delegación Departamental de Bomberos de Cundinamarca confirmó la recuperación de varios cuerpos en el interior del socavón. Durante la madrugada, distintas cuadrillas lograron avanzar hasta los puntos más críticos, donde fueron localizados algunos de los mineros atrapados tras la explosión.
El gobernador de Cundinamarca, Jorge Emilio Rey, confirmó la gravedad de la situación y explicó que la explosión estaría relacionada con la acumulación de metano. El mandatario señaló que las condiciones del ambiente subterráneo, marcadas por la toxicidad del aire y la falta de ventilación adecuada, complicaron seriamente la localización de los mineros.





Rey detalló que en el operativo participaron más de 20 integrantes de la Unidad de Rescate Minero y alrededor de 40 miembros de otros organismos de respuesta. No obstante, reconoció que las probabilidades de supervivencia disminuían con el paso de las horas, debido a la magnitud del derrumbe y a las condiciones extremas dentro de la mina.
El gobernador también se refirió a la legalidad de la operación minera, indicando que, de manera preliminar, la mina contaría con órdenes de cierre emitidas por la Corporación Autónoma Regional y la Agencia Nacional Minera. De confirmarse esta información, el hecho pondría en evidencia fallas persistentes en los mecanismos de control y supervisión de este tipo de explotaciones.
Las autoridades identificaron a los mineros afectados como Iván Martínez, Arnol Arias, Óscar Castrillón, Huilan Montaño, Manuel Medina y Celso Murcia. La tragedia en Guachetá reabre el debate sobre los riesgos de la minería informal en Colombia y la necesidad de reforzar las medidas de seguridad para proteger la vida de quienes trabajan en condiciones de alto peligro.
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