
En Valledupar, las Órdenes de Prestación de Servicios (OPS) ya no son un mecanismo auxiliar: se convirtieron en el pilar de la administración pública en los últimos seis años. Un análisis de RTA Noticias a las cifras publicadas en la página de Transparencia de la Alcaldía de Valledupar revela un patrón claro y dominante tanto en los cuatro años del exalcalde Mello Castro como en los dos primeros del actual mandatario Ernesto Orozco Durán, quien estará en el cargo hasta el 31 de diciembre de 2027.
Mello Castro: origen y consolidación de un modelo
El cuatrienio de Mello Castro exhibe una tendencia ascendente en la tercerización de personal. En 2020, en medio de la pandemia, el municipio firmó 526 OPS, cifra que marcó desde el inicio un estilo de gobierno centrado en la contratación por servicios.
Para 2021, aunque el número bajó a 238, la práctica se mantuvo como eje de operación administrativa.
En 2022, el volumen total de contratos fue 417, de los cuales 371 fueron OPS, lo que confirmó que la tercerización era ya parte de la arquitectura institucional.
El cierre de 2023 dejó 476 contratos y 454 OPS, señalando una dependencia estructural: cerca del 95 % de la contratación anual se hacía por esta vía.
Ernesto Orozco: continuidad y explosión del modelo
La llegada de Ernesto Orozco no solo mantuvo la tendencia: la amplificó.
En 2024, la Alcaldía firmó 736 contratos, y 723 fueron OPS, mientras la licitación pública quedó reducida a apenas un proceso.
Pero el salto mayor ocurrió en 2025: 1.431 contratos, de los cuales 1.374 fueron OPS, la cifra más alta registrada en los últimos años.
El gobierno actual administra un municipio que opera casi exclusivamente bajo contratación directa de prestación de servicios, con muy poca competencia pública y escasa meritocracia en los procesos.
Un municipio sostenido en contratistas

El panorama conjunto deja una conclusión inevitable: Valledupar ha transitado hacia un modelo donde las OPS son la regla y no la excepción.
Lo que comenzó como una respuesta a la emergencia sanitaria derivó en un sistema prolongado, opaco y altamente discrecional, que concentra poder administrativo en los despachos de turno y reduce los controles sobre la gestión pública.
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Mientras Mello Castro dejó un aparato dependiente de la tercerización, Ernesto Orozco llevó esa estructura al máximo histórico. La ciudad queda, así, ante una pregunta crucial para su futuro institucional:
¿Podrá Valledupar recuperar un modelo de contratación transparente y competitivo, o seguirá gobernándose sobre la base de un ejército de contratistas temporales?








