
El ingreso de John Poulos a la Penitenciaría de Alta y Mediana Seguridad de Valledupar, conocida como La Tramacúa, abrió un nuevo capítulo en la historia del ciudadano estadounidense condenado por el feminicidio de la DJ Valentina Trespalacios. Su traslado, ejecutado el sábado en un operativo del Cuerpo de Reacción Inmediata (CRI) del Inpec, no solo generó movimientos internos en el establecimiento carcelario, sino que además avivó las tensiones entre custodios y reclusos debido a su comportamiento “altamente problemático”, según fuentes del penal.
Poulos, trasladado desde Bogotá junto a un grupo de internos, llegó a un establecimiento saturado. La sobreocupación obligó al Inpec a ubicarlo de manera provisional en la Unidad de Sanidad, pues no había celdas disponibles. De inmediato, su presencia comenzó a generar molestias y alteraciones en la rutina carcelaria que han sido reportadas por funcionarios y personas privadas de la libertad.
Un comportamiento “insoportable” desde el primer día

De acuerdo con información conocida por RTA Noticias, Poulos ha protagonizado “constantes episodios de alteración”, una conducta que fuentes internas describen como “insoportable, agresiva y desestabilizadora”. Su actitud, marcada por discusiones, gritos y exigencias fuera de protocolo, ha dificultado la labor de custodia y vigilancia. Guardias del penal han tenido que intervenir en repetidas ocasiones debido a los disturbios generados por el condenado.
Los internos que han tenido contacto cercano con él relatan que Poulos sostiene un comportamiento hostil, reacciona con facilidad ante cualquier indicación y se muestra inconforme con las condiciones del establecimiento. La situación ha provocado incomodidad en un penal ya de por sí tensionado por la falta de espacio y el alto volumen de población.
Exigencias, reclamos y presión constante para regresar a Bogotá
Una de las principales quejas de Poulos está relacionada con su deseo de ser devuelto a Bogotá, específicamente a la cárcel La Modelo. Desde su llegada, insiste en que no debe permanecer en Valledupar, asegurando que en La Tramacúa “no tiene nada que hacer” y que como ciudadano estadounidense merece un trato preferencial.
Estas peticiones han sido rechazadas por el personal del Inpec, que mantiene el traslado como definitivo, por razones de seguridad y redistribución carcelaria.

Según pudo establecer este medio, el interno no ha recibido visitas ni pronunciamientos de su equipo jurídico desde el traslado. Tampoco se ha registrado intervención consular, lo que ha incrementado su incomodidad y ha alimentado su comportamiento disruptivo dentro del penal.
Un perfil que complica su manejo interno
Poulos no es un interno fácil de manejar. Fuentes penitenciarias consultadas por RTA Noticias lo describen como un hombre “extremadamente celoso, maniático y compulsivo”, rasgos que ya habían sido documentados durante el proceso judicial por el feminicidio de Valentina Trespalacios. Su personalidad, marcada por episodios de control obsesivo y actitudes posesivas, hoy representa un desafío adicional para el personal carcelario encargado de su custodia.
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Su historial de comportamientos impulsivos preocupa a quienes deben garantizar el orden dentro de un penal de alta seguridad. La combinación entre su perfil psicológico, su rechazo a permanecer en Valledupar y las condiciones de hacinamiento del establecimiento agravan las tensiones diarias en la Tramacúa.
Un traslado que deja preguntas abiertas
El caso Poulos vuelve a poner en evidencia las dificultades del sistema penitenciario colombiano para manejar internos de alta notoriedad pública. Su llegada a la Tramacúa demuestra que, pese a los protocolos del Inpec, las cárceles enfrentan serios límites para garantizar alojamiento adecuado y seguridad interna cuando se trata de perfiles altamente conflictivos.

Por ahora, el estadounidense continúa recluido en la Unidad de Sanidad, sin fecha definida para su reubicación dentro del penal. Su comportamiento, lejos de estabilizarse, mantiene en alerta a las autoridades penitenciarias.







