En definitiva, Libardo Cruz no se rinde. Aunque no cuenta ni con los votos de su propia familia ni con el respaldo de los chanceros —que tradicionalmente han influido en la política conservadora del Cesar—, el congresista que busca reelegirse empieza a tejer una nueva red de apoyos que cambia la narrativa interna del partido. El primer gran movimiento: el regreso del exdiputado Ricardo Quintín Quintero a las filas azules para respaldarlo abiertamente.
La adhesión de Quintín no pasa desapercibida. Su trayectoria, marcada por una constante oposición a la Casa Gnecco y a la Gobernación del Cesar, lo convierte en uno de los críticos más férreos del poder regional. Que ahora anuncie un apoyo directo a Libardo Cruz —un político que ha sido cuestionado por su bajo impacto legislativo en Bogotá— no solo sorprende, sino que reconfigura las tensiones internas del conservatismo.
Quintín deja claro que su decisión no es tímida: sus votos irán para Cruz en la Cámara y para Claudia Margarita Zuleta al Senado, formando un bloque opositor a la poderosa maquinaria gnequista. Con este anuncio, el exdiputado reabre viejas heridas dentro del partido Conservador, especialmente en una coyuntura donde la Casa Gnecco ha intentado, sin éxito, frenar la consolidación de Libardo Cruz dentro de la lista que lidera Ape Cuello.
Lo que muchos veían como una batalla interna perdida para Cruz ahora toma un nuevo aire. La adhesión pública de Quintín confirma que el congresista está “sembrado” en la lista conservadora, blindado desde el interior por líderes que, aunque no controlan el aparato burocrático del departamento, sí poseen una influencia territorial real y un discurso que conecta con sectores inconformes.
El regreso de Quintín también implica un rompimiento simbólico: después de haber transitado por el Centro Democrático, de confrontar abiertamente al clan Gnecco y de apartarse de la disciplina azul, vuelve a este color para jugársela por un proyecto que considera necesario para contrarrestar el dominio de la gobernación actual. Su figura encarna la resistencia contra el monopolio político que durante décadas ha definido quién asciende y quién se apaga en el Cesar.
Pero Quintín no viene solo. A su decisión se suman otros nombres de peso, entre ellos el exgobernador Cristián Moreno Panezo, quien también se ha distanciado de las estructuras gnequistas. Este respaldo colectivo fortalece la campaña de Cruz, incluso en un escenario donde otros sectores conservadores preferían marginarlo para proteger equilibrios con el poder departamental.
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La adhesión de estos líderes opositores complica la estrategia de la Casa Gnecco, que ha intentado proyectar una imagen de control absoluto sobre el conservatismo local. La llegada de Quintín a la campaña de Cruz es un mensaje directo: el azul ya no es un color homogéneo y la disputa por la Cámara será un pulso entre dos modelos de poder.
Dentro del partido, esta jugada es interpretada como un desafío frontal al liderazgo tradicional. Para unos, significa una amenaza; para otros, una oportunidad de renovación ante el desgaste político del departamento. Lo cierto es que la salida de Quintín del Centro Democrático para regresar al conservatismo fractura viejas alianzas y abre la puerta a un reacomodo que podría repercutir en las elecciones parlamentarias.
Libardo Cruz, quien inició su campaña prácticamente aislado, sin apoyo familiar y sin el músculo financiero de los empresarios del chance, encuentra ahora un nuevo aire. La sumatoria de Quintín, Panezo y otros líderes menores pero activos en los municipios del norte y centro del departamento le otorga una narrativa distinta: la del candidato que crece sin depender de la maquinaria.
Si algo queda claro es que el escenario político del Cesar ha entrado en una fase de ebullición. Los movimientos ya no son discretos ni previsibles. Y con la decisión de Quintín Quintero de regresar a los azules para respaldar a Libardo Cruz, cada día el tema político en el Cesar se pone más caliente.

