
En la última semana, el congresista Jorge Rodrigo “Yoyo” Tovar ha inundado su cuenta de Instagram con imágenes y videos que, más que reflejar gestión legislativa, parecen diseñados para reforzar su figura política en el Cesar.
El primero de sus movimientos fue un evento en Zambrano, donde se rodeó de más de 500 líderes locales y posó como anfitrión de una cita multitudinaria. El mensaje implícito es claro: poder territorial y capacidad de convocatoria. Sin embargo, la publicación no detalla una sola propuesta ni resultado concreto para el municipio, lo que convierte la foto en un símbolo de músculo político, no de trabajo legislativo.
Días después, Tovar se mostró en Mariangola y Aguas Blancas, corregimientos que reivindica como parte de sus raíces. Allí habló de “escuchar inquietudes” y compartir con amigos y vecinos. El gesto, aunque cercano, carece de fondo: no se anunció ninguna iniciativa, gestión presupuestal o proyecto legislativo que se traduzca en soluciones. Se quedó en la foto emotiva y el reel nostálgico.
La polémica surge porque, mientras el Congreso debate temas neurálgicos como el presupuesto y la crisis económica nacional, Tovar dedica su vitrina digital a reforzar la imagen del líder local querido, el que abraza y escucha, pero no aterriza propuestas. En términos prácticos, su cuenta de Instagram funciona como una maquinaria electoral anticipada más que como un canal de rendición de cuentas.
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La pregunta es inevitable: ¿está Yoyo Tovar trabajando para su región desde la Cámara, o construyendo la plataforma de su próxima campaña con recursos simbólicos y digitales? Lo que se ve en sus publicaciones semanales apunta más a lo segundo.








