La Macarena es un asentamiento humano irregular ubicado en la margen derecha del río Guatapurí, en el oriente de Valledupar.
Este lugar, casi sombrío, se ha convertido en refugio de consumidores de drogas, expendedores de alucinógenos, habitantes de calle, ciudadanos comunes y también miembros de la delincuencia y de grupos armados ilegales.
Desde hace un tiempo, este sector de Valledupar vive una disputa abierta: una verdadera guerra entre estructuras que buscan controlar el microtráfico.
Es por eso la pregunta: ¿La Policía tiene miedo de ingresar a La Macarena?
Un reciente video de cámaras de seguridad dejó al descubierto el nivel de violencia. En las imágenes se observa cómo un habitante es asesinado a sangre fría, mientras hombres fuertemente armados —con fusiles, pistolas automáticas, chalecos antibalas similares a los de la Policía y rostros cubiertos— patrullan las calles como si fueran dueños del territorio.
La grabación también muestra a una mujer que, impotente ante la escena, se desploma frente a los criminales.
Para los habitantes de la comuna, se trata de “otro caso más” en medio de la ola de inseguridad que golpea la ciudad. Para la opinión pública, en cambio, es una clara evidencia de la falta de autoridad en La Macarena y del aparente miedo que tiene la Policía de ingresar a ese sector.
Lo ocurrido también refleja el abandono estatal y la negligencia en la prestación del servicio de vigilancia que, por derecho, debe garantizarse a todos los ciudadanos, sin importar la zona en la que vivan.
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¿Es miedo el que tiene la Policía de ingresar a La Macarena? ¿Se atreve el secretario de seguridad municipal realizar los operativos de control en ese sector? ¿Es posible que la frase de Ernesto Arregla esto cumpla en La Macarena?

