
La relación diplomática entre Colombia y Estados Unidos atraviesa su momento más tenso en la última década, luego de que el Gobierno norteamericano ordenara el regreso inmediato de su encargado de negocios en Bogotá, John T. McNamara. La decisión, anunciada por el secretario de Estado, Marco Rubio, responde a lo que Washington calificó como «declaraciones infundadas y reprochables» por parte de altos funcionarios del gobierno del presidente Gustavo Petro.
El gesto diplomático, considerado inusual entre dos países históricamente aliados, evidencia el deterioro de los vínculos bilaterales y envía un mensaje directo al Palacio de Nariño sobre la necesidad de retomar el respeto mutuo en el manejo de temas estratégicos, como la seguridad regional, la lucha contra el narcotráfico y la política migratoria.
El comunicado oficial del Departamento de Estado subraya que Colombia sigue siendo un «socio estratégico esencial», aunque reconoce una «profunda preocupación por el estado actual de la relación bilateral». La vocera Tammy Bruce precisó que, además del llamado a consultas, se evalúan otras medidas para manifestar el malestar del gobierno estadounidense frente al rumbo de la política exterior colombiana.
La tensión coincide con la renuncia de Laura Sarabia como canciller y con la reciente publicación de audios por parte del diario El País de España, en los que se insinúa un supuesto plan del excanciller Álvaro Leyva para derrocar a Petro. Varios congresistas estadounidenses, como Carlos Giménez, rechazaron cualquier vínculo con esa denuncia, al tiempo que endurecieron sus críticas contra el mandatario colombiano.
LE SUGERIMOS. La Loma estrena sede de la Cámara de Comercio de Valledupar

“Petro no puede seguir amenazando a Estados Unidos y luego creer que puede salirse con la suya. Estamos con el pueblo colombiano, no con el narcoterrorista socialista que vive en la Casa de Nariño”, escribió Giménez en su cuenta de X.
Desde Bogotá, la Cancillería confirmó que, pese a la renuncia de Sarabia, se mantienen los canales diplomáticos activos con el Departamento de Estado para intentar frenar la escalada de tensiones. Sin embargo, expertos en relaciones internacionales advierten que el llamado a consultas de McNamara marca un punto de quiebre que podría tener efectos en la cooperación bilateral si no se reconstruye la confianza entre ambas administraciones.



