Por: Elba Bonet
No todos los amores y amigos están destinados a quedarse; algunos llegan para enseñarnos, para mostrarnos lo que somos capaces de sentir y también lo que merecemos.
Esta no es una historia de rencor; es una despedida desde la paz, desde el amor y la amistad que sigue existiendo, aunque ya no puedan quedarse.
Nos quisimos, sí, a nuestra manera. Con errores, con intentos, con más ganas que certezas. Y aunque no nos alcanzó, eso no le quita valor a lo vivido.
Hoy me despido con el corazón más lleno que vacío, porque aprendí, porque crecí y porque descubrí que puedo amarme incluso en medio de la despedida.
Y a ti, que estás leyendo esto con un nudo en el pecho por la pérdida de un amor, una amistad o un ser querido, quiero decirte algo: No estás solo, no estás sola. Cerrar un ciclo duele, pero también libera. Te mereces un amor que no tengas que pedir a gritos; un amor que te mire sin confundirte, que te abrace sin soltarte y que se quede sin que tengas que rogarlo.
LE SUGERIMOS. Dulces típicos conquistan corazones en Valledupar
El amor no debería doler más de lo que sana. Y si hoy toca decir adiós, que sea con ternura. Con gratitud por lo vivido, con perdón por lo que no fue y con la certeza de que lo que viene es mejor.
Porque esto no es solo una despedida a alguien; es una bienvenida a ti, a tu amor propio, a tu valor y a tu nueva versión.
Así que cierra esa puerta con amor, levanta la mirada y sigue adelante, porque mereces amor, sí, pero sobre todo mereces paz.

