En un fatídico suceso, Jesús Miguel de la Hoz, reconocido jugador profesional de billar a nivel nacional e internacional, de 30 años de edad y habitante del barrio Villa Luz de Valledupar, perdió la vida en un trágico accidente de tránsito en el corregimiento de Carraipía, zona rural de Maicao-La Guajira.
‘Aretico’, como era cariñosamente conocido, fue un hombre humilde, alegre, y querido por muchos, se caracterizó por ser un hombre noble, según cuentan sus allegados. Por su parte, se destacó en el mundo del billar con 12 años de experiencia jugando buchacara.
Entre 2015 y 2016, formó parte de la Liga de Billar del Cesar, pero la falta de apoyo económico lo llevó a trasladarse a la Liga de Billar del Atlántico. El año pasado, logró el título de campeón nacional en Chía, Cundinamarca, obteniendo los honores de campeón individual y por equipo, consiguiendo la medalla de oro. De ahí en adelante logró ubicarse como uno de los mejores en el país, partiendo de este mundo como el actual campeón nacional de Bola 10 y tricampeón de Bola 9.
Aparte del billar, Jesús también tenía habilidades con el acordeón, lo hacía de manera aficionada en las parrandas, generando alegrías en todos los presentes.
Adalberto Larios, docente y amigo cercano de De la Hoz, también campeón nacional representando al Cesar, intentó convencerlo de regresar, a pesar de que la Liga del Atlántico le ofreció duplicar su salario partir del 1 de febrero, en caso de salir victorioso en los Juegos Nacionales.
Este siempre solidario con el hoy fallecido, lidera actualmente una iniciativa en la liga local para rendir un sentido homenaje a este destacado exponente de dicho deporte. El trágico accidente ocurrió cuando De la Hoz regresaba de Venezuela, donde ganó dos torneos privados, y se preparaba para un próximo torneo de pool programado del 8 al 11 de febrero en Medellín.
El cuerpo de Jesús permanece en Maicao y será trasladado a Valledupar esta noche. En su residencia, colegas, amigos y seguidores del deportista se reunirán para despedir a una figura que dejó una huella imborrable en el mundo del billar.

